Dos pétalos, sin duda, marchitados
yacían por el suelo de la alcoba
las rosas y los besos regalados,
dormían, para siempre, entre las sombras.
Los besos eran ecos del recuerdo
llegando hasta la playa con las olas,
dejaban el sabor de tantas noches,
con risas compartidas de tu boca.
Quizás en esos besos, con resaca,
estuvo tanta gracia seductora,
el dulce escalofrío de tus labios,
la gracia y la caricia que te adornan...
...Más veo los dos pétalos tirados,
han muerto ya los sueños y las rosas,
los unos se perdieron por la vida,
las otras con las lágrimas traidoras.
Marcharon las alegres golondrinas,
llevaron en su vuelo tantas cosas,
los sueños, los suspiros, los latidos,
volaron a otras tierras y otras costas.
Es triste ver los pétalos tirados,
parecen viejos restos de una alfombra
y son dos sentimientos simplemente,
que mueren con el paso de las horas.
Dos pétalos esperan marchitados,
dos lágrimas perdidas que no lloran,
dos sueños y dos vidas que han dejado
espinos y claveles en sus notas.
Un día pasará por ese sitio
la mano que paciente los recoja,
y un tibio corazón entristecido,
tendrá el calor, por fin, que tanto añora.
Rafael Sánchez Ortega ©
16/06/09
yacían por el suelo de la alcoba
las rosas y los besos regalados,
dormían, para siempre, entre las sombras.
Los besos eran ecos del recuerdo
llegando hasta la playa con las olas,
dejaban el sabor de tantas noches,
con risas compartidas de tu boca.
Quizás en esos besos, con resaca,
estuvo tanta gracia seductora,
el dulce escalofrío de tus labios,
la gracia y la caricia que te adornan...
...Más veo los dos pétalos tirados,
han muerto ya los sueños y las rosas,
los unos se perdieron por la vida,
las otras con las lágrimas traidoras.
Marcharon las alegres golondrinas,
llevaron en su vuelo tantas cosas,
los sueños, los suspiros, los latidos,
volaron a otras tierras y otras costas.
Es triste ver los pétalos tirados,
parecen viejos restos de una alfombra
y son dos sentimientos simplemente,
que mueren con el paso de las horas.
Dos pétalos esperan marchitados,
dos lágrimas perdidas que no lloran,
dos sueños y dos vidas que han dejado
espinos y claveles en sus notas.
Un día pasará por ese sitio
la mano que paciente los recoja,
y un tibio corazón entristecido,
tendrá el calor, por fin, que tanto añora.
Rafael Sánchez Ortega ©
16/06/09

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