miércoles, 17 de junio de 2009

HAY SILENCIO EN LA PAZ DE LA MONTAÑA


Hay silencio en la paz de la montaña
y las sombras sin prisa retroceden,
se marchan portadoras de los sueños
de jóvenes, de niños y mujeres.

Una nota de pena y de nostalgia
se queda entre las casas y paredes,
se queda con suspiros renovados
sacados de los pechos tan ardientes.

Escucho el grave son de la campana,
y cuento, sin parar, hasta las siete,
un gallo en la distancia cacarea
rompiendo ese silencio del ambiente.

Un coche ronronea muy despacio,
quizás es el lechero que ahora viene,
quizás el panadero de la esquina
que llega con el pan hasta el albergue.

La luz de la mañana va en aumento,
despacio ya despiertan los claveles,
las rosas temblorosas tienen frío
y buscan a ese sol que está naciente.

Yo escribo mientras duermes todavía
y miro tu carita sonriente,
la miro con el alma enamorada
y tomo ese cariño que me ofreces.

Hay una melodía que se escapa
del pecho que palpita dulcemente,
la eterna melodía de la vida
que dice por tus labios que me quieres.

Entonces yo me siento renovado
y busco con mis dedos a tu frente;
mis dedos se deslizan por tu pelo
y siento la caricia que me ofreces.

Amarte, sin dudar, es mi destino,
amarte desde ayer, hasta el presente,
y amarte, en el futuro, sin dudarlo,
amarte corazón, hasta la muerte.

Rafael Sánchez Ortega ©

Hoyos del Espino
13/06/09

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