
Yo buscaba en los cielos tu palabra
con la voz tan graciosa, y la sonrisa,
quería esas respuestas del pasado
y recobrar la paz y la alegría.
Pero unas nubes negras, del oeste,
dejaron en los cielos su cortina,
con la neblina oscura y con sus gotas,
llegando hasta mi lado en la llovizna.
Y nunca te encontré, dulce palabra,
salida de los labios de mi amiga,
brotando de ese pecho tan amado,
viniendo aquí, al corazón que ansía.
Pasaron muchos años, sin saberlo,
vivía sin saber qué era la vida,
buscando entre los sueños la esperanza,
la eterna confunsión y algarabía.
Un día, ya cansado de este viaje
miré en el mar, sus olas tan tranquilas,
y comprendí el mensaje que llevaban
ese rumor con cantos que traían.
Entonces suspiré profundamente
y comprendí que si, que yo vivía,
que era mi pecho aquel que palpitaba
y el corazón ardiente el que latía.
Y entonces me dormí con mi cuaderno,
para sentir la paz de la cuartilla,
en ese azul del mar, verde salado,
donde nació también mi poesía.
Yo no busqué ya más esa palabra
ni quise obsesionarme en las heridas,
atrás dejé los días y el silencio
para buscar allí, la fantasía.
Para encontrar en ti, mi mar hallado,
esa figura tierna y tan sencilla,
ese volcán de lava y de pasiones
entre el coral con aguas cristalinas.
Con aguas seductoras y saladas
que bebo de tus labios, vida mía,
que embriagan y adormecen mis sentidos,
sintiendo ese candor, mi mar querida.
Rafael Sánchez Ortega ©
27/05/09
con la voz tan graciosa, y la sonrisa,
quería esas respuestas del pasado
y recobrar la paz y la alegría.
Pero unas nubes negras, del oeste,
dejaron en los cielos su cortina,
con la neblina oscura y con sus gotas,
llegando hasta mi lado en la llovizna.
Y nunca te encontré, dulce palabra,
salida de los labios de mi amiga,
brotando de ese pecho tan amado,
viniendo aquí, al corazón que ansía.
Pasaron muchos años, sin saberlo,
vivía sin saber qué era la vida,
buscando entre los sueños la esperanza,
la eterna confunsión y algarabía.
Un día, ya cansado de este viaje
miré en el mar, sus olas tan tranquilas,
y comprendí el mensaje que llevaban
ese rumor con cantos que traían.
Entonces suspiré profundamente
y comprendí que si, que yo vivía,
que era mi pecho aquel que palpitaba
y el corazón ardiente el que latía.
Y entonces me dormí con mi cuaderno,
para sentir la paz de la cuartilla,
en ese azul del mar, verde salado,
donde nació también mi poesía.
Yo no busqué ya más esa palabra
ni quise obsesionarme en las heridas,
atrás dejé los días y el silencio
para buscar allí, la fantasía.
Para encontrar en ti, mi mar hallado,
esa figura tierna y tan sencilla,
ese volcán de lava y de pasiones
entre el coral con aguas cristalinas.
Con aguas seductoras y saladas
que bebo de tus labios, vida mía,
que embriagan y adormecen mis sentidos,
sintiendo ese candor, mi mar querida.
Rafael Sánchez Ortega ©
27/05/09

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