
Prefiero corazón que sigas vivo
que dejes tus latidos con silencio,
y mandes con la sangre acalorada
los ayes y los gritos de mi pecho.
Quizás cuando recuerdes el pasado,
encuentres los sonidos con el eco,
aquellos que exclamaste con mi nombre
buscando mi presencia entre tus sueños.
No sé si ya el reloj marcó la hora,
y corre con su aguja el segundero,
en esa cuenta atrás de nuestra vida
que llega, que vivimos y perdemos.
No sé si las estrellas son felices
en esa soledad del universo,
quizás nunca sonrían nuevamente
y sientan ese frío como el hielo.
Quizás hasta se agoten los cometas,
aquellos que atrapaba con mis dedos,
en noches silenciosas, ya lejanas,
llevando mi mirada hasta los cielos.
Tal vez las viejas piedras de la Iglesia
entonen esos cánticos sinceros,
los mismos que tomaron de los hombres
mezclando la oración y los lamentos.
Ignoro corazón, si sigues vivo,
si guardas tu dolor en el lamento,
si callas porque temes asustarme
y miras a mi sombra con recelo.
La hora del adiós se está acercando,
escucho los gemidos de ese viento,
que grita, que susurra y que me aturde,
creando confusión entre mi cuerpo.
Prefiero los cuchillos y navajas,
sentir ese dolor, con el acero,
buscar con estos labios malheridos
el dulce escalofrío de tus besos.
Yo quiero, corazón, sentirte vivo,
que guíes a mi barca hasta su puerto,
que marques ese rítmo acelerado
y grites con mi alma lo que siento.
Yo siento corazón, lo que tu sientes,
y sufro como tú, de amor eterno,
y siento la esperanza en mi costado,
diciéndome que sí, que yo te quiero.
Prefiero corazón, que sigas vivo,
que latas y palpites con deseo,
que busques esos sueños añorados
y sientas ese amor que tanto anhelo.
Rafael Sánchez Ortega ©
29/05/09
que dejes tus latidos con silencio,
y mandes con la sangre acalorada
los ayes y los gritos de mi pecho.
Quizás cuando recuerdes el pasado,
encuentres los sonidos con el eco,
aquellos que exclamaste con mi nombre
buscando mi presencia entre tus sueños.
No sé si ya el reloj marcó la hora,
y corre con su aguja el segundero,
en esa cuenta atrás de nuestra vida
que llega, que vivimos y perdemos.
No sé si las estrellas son felices
en esa soledad del universo,
quizás nunca sonrían nuevamente
y sientan ese frío como el hielo.
Quizás hasta se agoten los cometas,
aquellos que atrapaba con mis dedos,
en noches silenciosas, ya lejanas,
llevando mi mirada hasta los cielos.
Tal vez las viejas piedras de la Iglesia
entonen esos cánticos sinceros,
los mismos que tomaron de los hombres
mezclando la oración y los lamentos.
Ignoro corazón, si sigues vivo,
si guardas tu dolor en el lamento,
si callas porque temes asustarme
y miras a mi sombra con recelo.
La hora del adiós se está acercando,
escucho los gemidos de ese viento,
que grita, que susurra y que me aturde,
creando confusión entre mi cuerpo.
Prefiero los cuchillos y navajas,
sentir ese dolor, con el acero,
buscar con estos labios malheridos
el dulce escalofrío de tus besos.
Yo quiero, corazón, sentirte vivo,
que guíes a mi barca hasta su puerto,
que marques ese rítmo acelerado
y grites con mi alma lo que siento.
Yo siento corazón, lo que tu sientes,
y sufro como tú, de amor eterno,
y siento la esperanza en mi costado,
diciéndome que sí, que yo te quiero.
Prefiero corazón, que sigas vivo,
que latas y palpites con deseo,
que busques esos sueños añorados
y sientas ese amor que tanto anhelo.
Rafael Sánchez Ortega ©
29/05/09

No hay comentarios:
Publicar un comentario