
Hoy navega mi barca, a la deriva,
sin patrón y empujada por los vientos,
va buscando esa costa tan dañida,
a estrellarse en la misma con sus huesos.
Se acabaron los globos de la infancia
que mandaba paciente hacia los cielos,
con un rayo de luz y de esperanza,
que mi alma guardaba entre sus sueños.
Ya la muerte camina a mi costado
mientras silba el oeste con denuedo,
y la barca ya rota y malherida
con su proa me lleva hasta el averno.
Sopla el viento sus cantos y gemidos,
misereres de misas y de entierros,
con las olas que llegan azotando
y que empujan la nave hacia el infierno.
Ya no quiero más calmas y bonanzas,
paraisos perdidos ni destierros,
sólo quiero la furia de las olas
y esa costa que sirva como lecho.
Se acabaron los tiempos de las rosas,
los claveles prendidos en el pecho,
se acabaron las risas que buscaba
como flores marchitas, por los suelos.
Terminaron las brasas y la hoguera,
del volcán tan ardiente con su fuego,
que llevaba la sangre por mis venas,
como lava inflamada de deseo.
Esta hora es el tiempo del despido,
del adiós no querido, aunque sincero,
ya mi nave camina sin derrota,
va carente de vida hacia lo eterno.
He perdido los sueños de la infancia
y con ellos quedaron los recuerdos,
son los restos de velas de mi nave
singladuras y viajes que murieron.
Y con ellos quedó mi fantasía,
la ilusión por querer a quien yo quiero,
ese sueño que escapa de mis manos
y que mata el amor que tanto siento.
Rafael Sánchez Ortega ©
30/05/09
sin patrón y empujada por los vientos,
va buscando esa costa tan dañida,
a estrellarse en la misma con sus huesos.
Se acabaron los globos de la infancia
que mandaba paciente hacia los cielos,
con un rayo de luz y de esperanza,
que mi alma guardaba entre sus sueños.
Ya la muerte camina a mi costado
mientras silba el oeste con denuedo,
y la barca ya rota y malherida
con su proa me lleva hasta el averno.
Sopla el viento sus cantos y gemidos,
misereres de misas y de entierros,
con las olas que llegan azotando
y que empujan la nave hacia el infierno.
Ya no quiero más calmas y bonanzas,
paraisos perdidos ni destierros,
sólo quiero la furia de las olas
y esa costa que sirva como lecho.
Se acabaron los tiempos de las rosas,
los claveles prendidos en el pecho,
se acabaron las risas que buscaba
como flores marchitas, por los suelos.
Terminaron las brasas y la hoguera,
del volcán tan ardiente con su fuego,
que llevaba la sangre por mis venas,
como lava inflamada de deseo.
Esta hora es el tiempo del despido,
del adiós no querido, aunque sincero,
ya mi nave camina sin derrota,
va carente de vida hacia lo eterno.
He perdido los sueños de la infancia
y con ellos quedaron los recuerdos,
son los restos de velas de mi nave
singladuras y viajes que murieron.
Y con ellos quedó mi fantasía,
la ilusión por querer a quien yo quiero,
ese sueño que escapa de mis manos
y que mata el amor que tanto siento.
Rafael Sánchez Ortega ©
30/05/09

No hay comentarios:
Publicar un comentario