
Se estremece mi alma cuando siente
ese paso que acerca tu figura,
esa chispa que sale de tus ojos,
con reflejos prestados de la luna.
Una niebla se oculta tras tus pasos,
una seda con manto de ternura,
que te envuelve en un halo misterioso
donde surgen de pronto las preguntas.
Me pregunto que escondes tras tus pasos,
más allá de sonidos que se esfuman,
puede ser que no exista más que eso,
y que nada tu ocultes tras la bruma.
Por de pronto mi pecho se alborota,
hay en él un reflejo de ternura,
cuando siente los pasos que se acercan,
y esos labios tan lindos que susurran.
Que susurran y cantan las canciones,
aprendidas quizás, desde la cuna,
de la madre sufrida y abnegada,
que cuidó de una niña con dulzura.
Ahora llegas, sin prisa, hasta mi lado,
y yo veo, sin ver, tras esa blusa,
adivino el latido de tu pecho
y ese gesto y mirada tan aguda.
Hay en ti una mezcla de esperanza,
hay un algo que invita a la locura,
en tus ojos hay rosas y claveles
y ese vino tomado de las uvas.
Yo me embriago si bebo de ese cáliz,
ese néctar que crías y acumulas,
que libas en tus labios dulcemente
para aliviar la sed que me tortura.
Es por eso que mi alma se estremece
buscando la figura tan menuda,
que llega con tus pasos y sonrisa
para dejarme amor, con su frescura.
Rafael Sánchez Ortega ©
31/05/09
ese paso que acerca tu figura,
esa chispa que sale de tus ojos,
con reflejos prestados de la luna.
Una niebla se oculta tras tus pasos,
una seda con manto de ternura,
que te envuelve en un halo misterioso
donde surgen de pronto las preguntas.
Me pregunto que escondes tras tus pasos,
más allá de sonidos que se esfuman,
puede ser que no exista más que eso,
y que nada tu ocultes tras la bruma.
Por de pronto mi pecho se alborota,
hay en él un reflejo de ternura,
cuando siente los pasos que se acercan,
y esos labios tan lindos que susurran.
Que susurran y cantan las canciones,
aprendidas quizás, desde la cuna,
de la madre sufrida y abnegada,
que cuidó de una niña con dulzura.
Ahora llegas, sin prisa, hasta mi lado,
y yo veo, sin ver, tras esa blusa,
adivino el latido de tu pecho
y ese gesto y mirada tan aguda.
Hay en ti una mezcla de esperanza,
hay un algo que invita a la locura,
en tus ojos hay rosas y claveles
y ese vino tomado de las uvas.
Yo me embriago si bebo de ese cáliz,
ese néctar que crías y acumulas,
que libas en tus labios dulcemente
para aliviar la sed que me tortura.
Es por eso que mi alma se estremece
buscando la figura tan menuda,
que llega con tus pasos y sonrisa
para dejarme amor, con su frescura.
Rafael Sánchez Ortega ©
31/05/09

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