
Eres hombre de tierra moldeado,
eres polvo con soplo de esperanza,
una mota de arena en esta vida
que palpita y que busca su mañana.
Atrás quedan tus miedos y recuerdos,
ese hueco profundo de tu infancia,
ese leve y sutil escalofrío
de aquel joven con alma enamorada.
Has llegado quizás a tu destino,
soñador y poeta de La Mancha,
Rocinante está viejo y muy cansado,
y tu pelo blanquea con sus canas.
No es momento de hacer composiciones,
ni cuadrar ese fiel de la balanza,
son quizás esas hora del despido
enjugando las lágrimas amargas.
Como digo, atrás quedan las tormentas,
esos lances perdidos en batallas,
utopías creadas en la mente
que aliviaron la sed tantas jornadas.
¿Cuánta nota pulsada con sigilo,
permanece en el pecho bien guardada?
¿Cuánta risa con llanto contenida
derramaron tus ojos y pestañas?
Has perdido la rosa de los vientos
que llevabas por norte en tu mirada,
has perdido también, las ilusiones,
y con ellas la vida que te falta.
Ahora tomas la tierra con tu mano
y te vés con los dedos en el arpa,
ese arpa sin cuerdas, y ya roto,
que marcó los compases de tu alma.
Eres polvo del suelo moldeado,
eres hombre que tuvo una palabra,
y ahora llegas aquí, hasta la tierra
a buscar el descanso en esta playa.
Una playa sin olas ni mareas,
sin arenas ni espumas blanqueadas,
es la tierra que ansías como lecho,
que te cubra y te lleve hasta la nada.
Rafael Sánchez Ortega ©
26/05/09
eres polvo con soplo de esperanza,
una mota de arena en esta vida
que palpita y que busca su mañana.
Atrás quedan tus miedos y recuerdos,
ese hueco profundo de tu infancia,
ese leve y sutil escalofrío
de aquel joven con alma enamorada.
Has llegado quizás a tu destino,
soñador y poeta de La Mancha,
Rocinante está viejo y muy cansado,
y tu pelo blanquea con sus canas.
No es momento de hacer composiciones,
ni cuadrar ese fiel de la balanza,
son quizás esas hora del despido
enjugando las lágrimas amargas.
Como digo, atrás quedan las tormentas,
esos lances perdidos en batallas,
utopías creadas en la mente
que aliviaron la sed tantas jornadas.
¿Cuánta nota pulsada con sigilo,
permanece en el pecho bien guardada?
¿Cuánta risa con llanto contenida
derramaron tus ojos y pestañas?
Has perdido la rosa de los vientos
que llevabas por norte en tu mirada,
has perdido también, las ilusiones,
y con ellas la vida que te falta.
Ahora tomas la tierra con tu mano
y te vés con los dedos en el arpa,
ese arpa sin cuerdas, y ya roto,
que marcó los compases de tu alma.
Eres polvo del suelo moldeado,
eres hombre que tuvo una palabra,
y ahora llegas aquí, hasta la tierra
a buscar el descanso en esta playa.
Una playa sin olas ni mareas,
sin arenas ni espumas blanqueadas,
es la tierra que ansías como lecho,
que te cubra y te lleve hasta la nada.
Rafael Sánchez Ortega ©
26/05/09

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