Se me encandilan los ojos
al verte como te veo,
de primavera florida,
con tu vestido ligero.
Ese vestido de flores
que oculta tantos deseos,
tantas miradas lascivas,
tantos suspiros eternos.
Pero mis ojos te siguen,
van recorriendo tu cuerpo,
paran primero de pronto,
y te acarician el pelo.
Bajan después a tu cara,
buscan temblando ese beso,
muerden quizás tus orejas
para dormir en tu cuello.
Y sin embargo mis ojos,
siguen mirándote inquietos,
miran también tu barbilla
con esos labios serenos.
Siguen bajando un poquito,
miran sin ver tus cabellos,
notan que tiembla la tierra
con un volcán al acecho.
Bajo ese suave vestido
siento el latido y el eco,
ese rumor de las olas
esa blandura del lecho.
Se me encandilan los ojos
al ver tu rostro sereno
con tus ojitos tan lindos
y el palpitar de tus senos.
Miro que miro a tu alma,
quieren rozarte mis dedos,
quieren andar tus caminos
y recorrer sus senderos.
Quieren hablarte y mirarte,
con un lenguaje secreto,
quieren hablarte sin voces,
quieren mirarte sin velos.
Y recorrerte despacio,
mientras te dicen "te quiero",
hasta notar tus suspiros
y ese temblor de tu pecho.
Entonces paro y te miro,
cierro mis ojos y sueño,
sé que ya estás a mi lado,
mi corazón está preso.
Se me encandilan los ojos,
miro el vestido tan negro,
con tanta vida y dulzura
en ese cuerpo moreno.
Ese volcán que palpita
y va dejando su fuego,
con esa lava inflamada
que siente lo que yo siento.
Rafael Sánchez Ortega ©
25/05/09
al verte como te veo,
de primavera florida,
con tu vestido ligero.
Ese vestido de flores
que oculta tantos deseos,
tantas miradas lascivas,
tantos suspiros eternos.
Pero mis ojos te siguen,
van recorriendo tu cuerpo,
paran primero de pronto,
y te acarician el pelo.
Bajan después a tu cara,
buscan temblando ese beso,
muerden quizás tus orejas
para dormir en tu cuello.
Y sin embargo mis ojos,
siguen mirándote inquietos,
miran también tu barbilla
con esos labios serenos.
Siguen bajando un poquito,
miran sin ver tus cabellos,
notan que tiembla la tierra
con un volcán al acecho.
Bajo ese suave vestido
siento el latido y el eco,
ese rumor de las olas
esa blandura del lecho.
Se me encandilan los ojos
al ver tu rostro sereno
con tus ojitos tan lindos
y el palpitar de tus senos.
Miro que miro a tu alma,
quieren rozarte mis dedos,
quieren andar tus caminos
y recorrer sus senderos.
Quieren hablarte y mirarte,
con un lenguaje secreto,
quieren hablarte sin voces,
quieren mirarte sin velos.
Y recorrerte despacio,
mientras te dicen "te quiero",
hasta notar tus suspiros
y ese temblor de tu pecho.
Entonces paro y te miro,
cierro mis ojos y sueño,
sé que ya estás a mi lado,
mi corazón está preso.
Se me encandilan los ojos,
miro el vestido tan negro,
con tanta vida y dulzura
en ese cuerpo moreno.
Ese volcán que palpita
y va dejando su fuego,
con esa lava inflamada
que siente lo que yo siento.
Rafael Sánchez Ortega ©
25/05/09

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