jueves, 21 de mayo de 2009

UNA MAÑANA DE MAYO


Una mañana de mayo,
de florida primavera,
yo te vi, rosa temprana
junto al lirio y la camelia.

Eras la rosa de mayo
siempre viva y siempre fresca
con tus pétalos granates
y ese suave olor que dejas.

Entonces al verte joven
me recordaste una estrella,
que temblaba titilando
con el viento que le llega.

Una estrella y una rosa,
se juntaron en pareja
en los versos de mi pluma
en mis letras y poema.

Yo te vi mirando al cielo,
rosa linda, rosa bella,
pues buscabas temblorosa
el paseo del cometa.

No le busques rosa dulce,
el cometa está de fiesta,
va rasgando el universo
con su cola y con su estela.

Nuestra estrella eso le dice
a la rosa tan inquieta,
mientras busca por las noches
el cantar de las sirenas.

Más la rosa que florece
busca y busca muy inquieta,
a la mano que la tome
a los dedos que la prendan.

Y la estrella que eso mira
llora lágrimas de pena,
y quisiera ser la rosa
y saciar la sed que tenga.

Yo te pido que me digas,
rosa hermosa lo que piensas,
lo que llevas en tu pecho,
lo que ríes, lo que besas.

Y empezaron a contarse
esas vidas tan diversas,
con la estrella por el cielo,
y la rosa por la tierra.

Pasó el tiempo lentamente,
con sonrisas muy sinceras,
con suspiros retenidos
y con lágrimas eternas.

Y la rosa dulcemente
sus ojitos ya los cierra,
y esos pétalos tan lindos,
ahora duermen mientras tiemblan.

Una estrella y una rosa
hoy se hicieron compañeras
se contaron muchas cosas,
y olvidaron sus tristezas.

Una mañana de mayo
yo escribía letra a letra,
a la rosa de mis sueños
a la estrella que me vela.

Rafael Sánchez Ortega ©
21/05/09

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