viernes, 22 de mayo de 2009

SENTÍ LADRAR A LOS PERROS


Sentí ladrar a los perros
mientras salía la luna,
las naves dormían cerca,
bañando el mar sus amuras.

De pronto escuché aquel canto,
aquella salve y ayuda,
aquel pedir a los dioses
por la salud y fortuna.

Eran las voces curtidas,
eran las voces muy rudas,
de aquellos hombres sencillos,
los marineros de brumas.

De brumas sí, porque saben,
que su salida es nocturna,
van a los mares de pesca,
van a la buenaventura.

Ellos no saben de historia,
tampoco saben de gulas,
sólo empatar aparejos
para lograr la captura.

Y así deslizan la barca,
cantan los remos que adulan,
en ese ritmo constante
con la cancion de la cuna.

Marcha hacia el mar marinero
canta a la Virgen tan pura,
reza la salve que sabes,
cruza la barra tan cruda.

Corta las aguas sin miedo
rompe las olas y espuma,
pasa buscando las playas,
tras esa eterna blancura.

Allí tendrás a las piezas,
encontrarás lo que buscas,
esa lubina y dorada,
ese besugo y merluza.

Quizás el lirio se preste
con el chicharro en disputa
para llenar esa cesta
en esta noche tan dura.

Cantan las olas que pasan,
sigue el marino en su lucha,
lanza que lanza su caña,
con el anzuelo y manjúa.

Así se escribe la historia
entre el marino que escucha
y pide al mar esos peces,
para vivir sin penurias.

Pero la mar quiere vidas
tiene pasiones ocultas,
piden sus aguas venganza
tiene gargantas profundas.

Y sin saber explicarlo
suceden cosas oscuras,
de pronto surgen galernas,
rompen las olas con furia.

Danzan las barcas sin remos
y sus cuadernas rezuman,
van a ese lecho sin fondo
a ese final de negrura.

Sólo unos hombres se salvan,
hay marineros que juran,
otros maldicen al tiempo
mientras las olas susurran.

Unas mujeres esperan,
unas esposas ya viudas,
esperan sí, ese milagro,
de que la ausencia no es suya.

Esperan pues al marino
surgiendo de la penumbra,
gritan y piden al cielo
mientras sus caras se arrugan.

Pero la mar es altiva,
sabe de presas y usura,
ella no suelta sus piezas
ni cambia vidas en pugnas.

Así se cumplen los ciclos
de este vivir sin excusa,
este luchar con los mares
este soñar con la luna.

Los hombres sueñan y mueren,
las madres andan ceñudas,
las viudas sienten y lloran,
a las figuras difuntas.

Porque aunque el mar se los lleve,
sin dar siquiera disculpas,
este es el mar que conocen
el de la muerte y dulzura.

Sentí ladrar a los perros
entre la niebla difusa,
dormían cerca las naves
en ese mar que es su cuna.

Rafael Sánchez Ortega ©
22/05/09

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