
Lloraban unas nubes en el cielo,
mojando los sembrados y los campos,
la lluvia que caía lentamente,
rodaba de sus ojos a tus labios.
No sé cuántos suspiros retenidos
salieron de tu cuerpo enamorado,
lo cierto es que sentí lo que sentías
y el brillo que enviabas con tu faro.
Pararon las gaviotas en su vuelo
buscando en el paseo su descanso,
tú hiciste una parada en el camino
y al cielo te quedaste suplicando.
Rezaste sin saber bajo la lluvia
el viejo padrenuestro de hace años,
querías obtener ese cariño
y el beso tanto tiempo deseado.
Lloraban unas nubes en el cielo
mojando tu vestido siempre blanco,
no sé si las campanas repicaban
y el templo recogía lo rezado.
Más sé que tus cabellos se mojaban
y el agua te bajaba a tu regazo,
al lado de la tierna mariposa
que ocultas en tu pecho enamorado.
Cantaban unos niños en el puerto,
sonaban las sirenas de los barcos,
tus pasos detenías lentamente
buscando un beso tierno y el abrazo.
Buscabas esa lágrima traidora
oculta entre los ojos tan amados,
buscabas esa luz y la pupila,
la estrella que te bese con sus rayos.
Lloraban unas nubes en el cielo
las lágrimas de tiempos tan amargos,
lloraban y tus labios las bebían
en cáliz de esperanza, tan ansiado.
Rafael Sánchez Ortega ©
07/05/09
mojando los sembrados y los campos,
la lluvia que caía lentamente,
rodaba de sus ojos a tus labios.
No sé cuántos suspiros retenidos
salieron de tu cuerpo enamorado,
lo cierto es que sentí lo que sentías
y el brillo que enviabas con tu faro.
Pararon las gaviotas en su vuelo
buscando en el paseo su descanso,
tú hiciste una parada en el camino
y al cielo te quedaste suplicando.
Rezaste sin saber bajo la lluvia
el viejo padrenuestro de hace años,
querías obtener ese cariño
y el beso tanto tiempo deseado.
Lloraban unas nubes en el cielo
mojando tu vestido siempre blanco,
no sé si las campanas repicaban
y el templo recogía lo rezado.
Más sé que tus cabellos se mojaban
y el agua te bajaba a tu regazo,
al lado de la tierna mariposa
que ocultas en tu pecho enamorado.
Cantaban unos niños en el puerto,
sonaban las sirenas de los barcos,
tus pasos detenías lentamente
buscando un beso tierno y el abrazo.
Buscabas esa lágrima traidora
oculta entre los ojos tan amados,
buscabas esa luz y la pupila,
la estrella que te bese con sus rayos.
Lloraban unas nubes en el cielo
las lágrimas de tiempos tan amargos,
lloraban y tus labios las bebían
en cáliz de esperanza, tan ansiado.
Rafael Sánchez Ortega ©
07/05/09

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