
Guardaré las palabras en mis labios
esperando que llegue la cordura,
ese tiempo de paz a mi conciencia
que disipe los miedos y las dudas.
Y teniendo los labios bien sellados,
marcharé con mi vida entre la bruma,
a buscar las respuestas que preciso
bajo el manto naciente de la luna.
Guardaré las floridas madreselvas
recogidas un día en la espesura,
y también los recuerdos de las olas
que a la playa cubrían con su espuma.
Esas olas dejaron mil canciones
recogidas en mares muy oscuras
con el eco de voces misteriosas
que llegaban quizás desde una cuna.
Guardaré los sonidos de aquel arpa
que escuchamos un día en la laguna,
y aquel canto del mirlo presuroso
que buscaba su piso en miniatura.
Ese nido de amor con su silencio,
ese eterno vergel que tanto oculta,
esas ramas y briznas que soportan
ese fruto que vuele a las alturas.
Guardaré tantos besos que me diste
y el sabor de los mismos con su fruta
calmarán a este fuego de mi alma
a la sangre caliente que me abruma.
Y al final con las letras y palabras
miraré a esas nubes tan desnudas,
a esos tiernos testigos del pasado
que se van de mi vida con premura.
Rafael Sánchez Ortega ©
15/05/09
esperando que llegue la cordura,
ese tiempo de paz a mi conciencia
que disipe los miedos y las dudas.
Y teniendo los labios bien sellados,
marcharé con mi vida entre la bruma,
a buscar las respuestas que preciso
bajo el manto naciente de la luna.
Guardaré las floridas madreselvas
recogidas un día en la espesura,
y también los recuerdos de las olas
que a la playa cubrían con su espuma.
Esas olas dejaron mil canciones
recogidas en mares muy oscuras
con el eco de voces misteriosas
que llegaban quizás desde una cuna.
Guardaré los sonidos de aquel arpa
que escuchamos un día en la laguna,
y aquel canto del mirlo presuroso
que buscaba su piso en miniatura.
Ese nido de amor con su silencio,
ese eterno vergel que tanto oculta,
esas ramas y briznas que soportan
ese fruto que vuele a las alturas.
Guardaré tantos besos que me diste
y el sabor de los mismos con su fruta
calmarán a este fuego de mi alma
a la sangre caliente que me abruma.
Y al final con las letras y palabras
miraré a esas nubes tan desnudas,
a esos tiernos testigos del pasado
que se van de mi vida con premura.
Rafael Sánchez Ortega ©
15/05/09

No hay comentarios:
Publicar un comentario