
Acudiré a tu lado, aunque te vayas,
para buscar la sombra de tu libro,
y encontraré tu vida nuevamente
en las letras dejadas con tu escrito.
Yo buscaré los signos temblorosos,
los que trazó tu mano con sigilo,
bajo la llama tenue y vacilante,
en el otoño gris junto a los cirios.
Acudiré a tu lado sin reproches,
te cubriré de rosas y de lirios,
aunque no estés y quede solamente,
el eco de tu amor en el vacío.
Y dejaré las flores sobre el lecho,
en ese hueco que marcó tu sitio,
para cubrir la huella de tu ausencia
besando así tu corazón tan frío.
Acudiré a tu lado con mi llanto
para notar el agua y el rocío,
que bajará a mis labios dulcemente
para seguir su curso por el río.
Entonces lloraré ante tu marcha,
mi corazón emitirá un laltido,
y ese volcán que corre por mis venas
saldrá hasta ti, de pronto con un grito.
Acudiré a tu lado muy desnudo
con el alma sin capa ni vestido,
aunque no estés pronunciaré tu nombre
junto al viento que quiero por testigo.
Y ese nordeste fiel con brisa amarga
hará temblar las hojas de los tilos,
y llevará tu nombre a todas partes,
hasta posarlo ahí, junto a tu oído.
Acudiré a tu lado sin reservas
aunque sepa de cierto que te has ido,
porque mi amor supera las distancias
buscando un corazón con mi suspiro.
Y allí me dormiré con mi silencio
ahogando el corazón herido,
el duro corazón de un viejo hombre
cansado de soñar porque es un niño.
Rafael Sánchez Ortega ©
16/05/09
para buscar la sombra de tu libro,
y encontraré tu vida nuevamente
en las letras dejadas con tu escrito.
Yo buscaré los signos temblorosos,
los que trazó tu mano con sigilo,
bajo la llama tenue y vacilante,
en el otoño gris junto a los cirios.
Acudiré a tu lado sin reproches,
te cubriré de rosas y de lirios,
aunque no estés y quede solamente,
el eco de tu amor en el vacío.
Y dejaré las flores sobre el lecho,
en ese hueco que marcó tu sitio,
para cubrir la huella de tu ausencia
besando así tu corazón tan frío.
Acudiré a tu lado con mi llanto
para notar el agua y el rocío,
que bajará a mis labios dulcemente
para seguir su curso por el río.
Entonces lloraré ante tu marcha,
mi corazón emitirá un laltido,
y ese volcán que corre por mis venas
saldrá hasta ti, de pronto con un grito.
Acudiré a tu lado muy desnudo
con el alma sin capa ni vestido,
aunque no estés pronunciaré tu nombre
junto al viento que quiero por testigo.
Y ese nordeste fiel con brisa amarga
hará temblar las hojas de los tilos,
y llevará tu nombre a todas partes,
hasta posarlo ahí, junto a tu oído.
Acudiré a tu lado sin reservas
aunque sepa de cierto que te has ido,
porque mi amor supera las distancias
buscando un corazón con mi suspiro.
Y allí me dormiré con mi silencio
ahogando el corazón herido,
el duro corazón de un viejo hombre
cansado de soñar porque es un niño.
Rafael Sánchez Ortega ©
16/05/09

No hay comentarios:
Publicar un comentario