Me quedo pensativo en el silencio,
buscando una respuesta entre la nada,
quisiera ver la luz sobre las sombras
el faro de la barca que se marcha.
Me cubre ese silencio presuroso
envuelto entre las brumas de mi alma,
me ahoga poco a poco, lentamente,
sintiendo que no salen las palabras.
A veces desearía que la muerte
viniera hasta mi vida y la segara,
cortando tantos sueños y proyectos
y dándome esa calma deseada.
Me falta voluntad para hacer eso,
¡la eterna cobardía del que clama!,
el hombre que ha vivido de ilusiones,
el niño que mantiene la esperanza.
Quisiera que la barca de Aqueronte
llegara hasta mi lado sin tardanza,
con ella cruzaría el ancho río
durmiendo para siempre del mañana.
No sé si sonarían las sirenas
en medio de repiques de campanas,
tampoco si los buitres volarían
buscando en la campiña mis entrañas.
Quizás toda la historia se compone,
de dioses, Odiseas e Iliadas,
haciendo de los hombres sus esclavos
sujetos a caprichos en sus dramas.
Me quedo pensativo nuevamente
en medio del silencio que me abraza,
estoy en soledad conmigo mismo
no busco los laureles de la fama.
Más algo sigue vivo en mis cenizas,
rescoldos de una hoguera con su llama,
la tierna melodía del recuerdo,
llegando hasta mi alma a quien abrasa.
No puedo renunciar a mi pasado,
y menos al amor que tú me inflamas,
yo quiero que tú sientas lo que siento,
y vengas de la nada sin tardanza.
No quiero soledad ni ese silencio,
ni quiero soledad en tu ventana,
dejemos al silencio que se duerma,
te quiero a ti mi amor, mi niña amada.
Rafael Sánchez Ortega ©
18/05/09
buscando una respuesta entre la nada,
quisiera ver la luz sobre las sombras
el faro de la barca que se marcha.
Me cubre ese silencio presuroso
envuelto entre las brumas de mi alma,
me ahoga poco a poco, lentamente,
sintiendo que no salen las palabras.
A veces desearía que la muerte
viniera hasta mi vida y la segara,
cortando tantos sueños y proyectos
y dándome esa calma deseada.
Me falta voluntad para hacer eso,
¡la eterna cobardía del que clama!,
el hombre que ha vivido de ilusiones,
el niño que mantiene la esperanza.
Quisiera que la barca de Aqueronte
llegara hasta mi lado sin tardanza,
con ella cruzaría el ancho río
durmiendo para siempre del mañana.
No sé si sonarían las sirenas
en medio de repiques de campanas,
tampoco si los buitres volarían
buscando en la campiña mis entrañas.
Quizás toda la historia se compone,
de dioses, Odiseas e Iliadas,
haciendo de los hombres sus esclavos
sujetos a caprichos en sus dramas.
Me quedo pensativo nuevamente
en medio del silencio que me abraza,
estoy en soledad conmigo mismo
no busco los laureles de la fama.
Más algo sigue vivo en mis cenizas,
rescoldos de una hoguera con su llama,
la tierna melodía del recuerdo,
llegando hasta mi alma a quien abrasa.
No puedo renunciar a mi pasado,
y menos al amor que tú me inflamas,
yo quiero que tú sientas lo que siento,
y vengas de la nada sin tardanza.
No quiero soledad ni ese silencio,
ni quiero soledad en tu ventana,
dejemos al silencio que se duerma,
te quiero a ti mi amor, mi niña amada.
Rafael Sánchez Ortega ©
18/05/09

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