jueves, 14 de mayo de 2009

SOBRABA DIOS...


Sobraba Dios, por fin, en mi conciencia
y a ti acudí mi infierno tan temido,
llegaba pues cansado y sin paciencia
y con el cuerpo roto y malherido.

Sobraba Dios, sobraba por su ausencia
y me quedé llorando entristecido,
como un loco que cura su demencia
sin saber si es locura lo vivido.

Sobraba Dios, en medio de mi mundo
y se marchó la fé con la esperanza
para dejar mi cuerpo moribundo.

Sobraba Dios, lo supe desde niño
y no temí ya el fiel de la balanza
al rechazar su muerte y su cariño.

Rafael Sánchez Ortega ©
14/05/09

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