
Yo busco entre la brisa tus caricias
y el beso que dejaste con tus labios,
tus dedos me recorren lentamente
mi cuerpo de marino ya cansado.
Viajé por muchos mares en mi vida,
a bordo de navíos y de barcos,
y fui un grumete fiel en mis inicios,
llegando a capitán con gran trabajo.
Yo tuve que aguantar los temporales
subiendo a las mesanas con mis manos,
y tuve que bajar a las bodegas
saliendo de las mismas empapado.
¡Que tiempos tan felices y tan lindos,
qué tiempos de aventuras ya pasados!,´
quizás en esos tiempos yo era un joven,
un loco soñador de los espacios.
Ahora que recuerdo todo aquello
yo busco entre la brisa ese regalo,
la eterna maravilla de la vida,
vivida día a día con agrado.
La vida no se para ni detiene,
y llega como el tren, pasito a paso,
con leves traqueteos de vagones,
con gritos y canciones de muchachos.
Hoy vivo en ese otoño de la vida
que tiene mil colores tan dorados,
y busco entre las algas y las olas
el dulce escalofrío de ese canto.
El canto de la mar y los marinos
que dejan las gaviotas a su paso,
el canto de sirenas en la noche
que ofrecen con su voz ese regalo.
La brisa juguetona del nordeste
me deja las caricias de tus manos,
los dedos que recorren mi cintura
y cierran mis ojitos agotados.
Me dice en un susurro que me duerma,
que sueñe con mi sueño entre tus brazos,
que busque más allá de las estrellas,
el beso del amor, el beso amado.
Rafael Sánchez Ortega ©
03/04/09
y el beso que dejaste con tus labios,
tus dedos me recorren lentamente
mi cuerpo de marino ya cansado.
Viajé por muchos mares en mi vida,
a bordo de navíos y de barcos,
y fui un grumete fiel en mis inicios,
llegando a capitán con gran trabajo.
Yo tuve que aguantar los temporales
subiendo a las mesanas con mis manos,
y tuve que bajar a las bodegas
saliendo de las mismas empapado.
¡Que tiempos tan felices y tan lindos,
qué tiempos de aventuras ya pasados!,´
quizás en esos tiempos yo era un joven,
un loco soñador de los espacios.
Ahora que recuerdo todo aquello
yo busco entre la brisa ese regalo,
la eterna maravilla de la vida,
vivida día a día con agrado.
La vida no se para ni detiene,
y llega como el tren, pasito a paso,
con leves traqueteos de vagones,
con gritos y canciones de muchachos.
Hoy vivo en ese otoño de la vida
que tiene mil colores tan dorados,
y busco entre las algas y las olas
el dulce escalofrío de ese canto.
El canto de la mar y los marinos
que dejan las gaviotas a su paso,
el canto de sirenas en la noche
que ofrecen con su voz ese regalo.
La brisa juguetona del nordeste
me deja las caricias de tus manos,
los dedos que recorren mi cintura
y cierran mis ojitos agotados.
Me dice en un susurro que me duerma,
que sueñe con mi sueño entre tus brazos,
que busque más allá de las estrellas,
el beso del amor, el beso amado.
Rafael Sánchez Ortega ©
03/04/09

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