
(In memorian: A Alberto L. Argüello)
Ya navega la barca en su derrota
arrullada por olas muy bravías,
en el cielo la sigue una gaviota
que ha volado por mares y por rías.
Hoy no tiene pelea en la disputa,
por la ansiosa carnada del anzuelo,
es su bella presencia, diminuta,
la que miro y remiro con su vuelo.
Ella va con sus alas chamuscadas
entre el blanco y el gris pasito a paso,
aletean sus plumas hechizadas
que persiguen al sol hasta el ocaso.
Yo la veo cruzar este celaje,
cuando roza en su vuelo por la amura,
va coqueta y en paz, con su equipaje
destacando en el mismo su blancura.
Ella busca, quizás una baliza,
un descanso a su vuelo y a su danza,
y con gracia y descaro se desliza
a esa proa que marcha a lontananza.
Descansada, más tarde, el vuelo emprende,
esa danza sin par, con virtuosismo,
y de nuevo mi ánimo sorprende,
y la sigo soñando en mi lirismo.
Ya percibo sus alas cortesanas
en mis ojos, soñando, delirantes,
la frescura y su gracia tan cercanas,
que me llenan de forma tan galantes.
***
¡Salve, oh vida!, me digo presuroso,
yo no quiero la muerte con su sombra
ni las alas del cuervo quejumbroso,
que viniera a buscar bajo mi alfombra.
Sólo quiero otras alas, que de lejos,
a mi lado me traigan alegría,
sin carrozas, corceles ni cortejos,
y me lleven al mar, en mi Folía.
Y quizás en el mar no haya esa bruma,
ese inferno de muerte y bancarrota,
y allí encuentre ese lecho, con su pluma,
y las alas, al fin, de mi gaviota.
Rafael Sánchez Ortega ©
19/04/09
Ya navega la barca en su derrota
arrullada por olas muy bravías,
en el cielo la sigue una gaviota
que ha volado por mares y por rías.
Hoy no tiene pelea en la disputa,
por la ansiosa carnada del anzuelo,
es su bella presencia, diminuta,
la que miro y remiro con su vuelo.
Ella va con sus alas chamuscadas
entre el blanco y el gris pasito a paso,
aletean sus plumas hechizadas
que persiguen al sol hasta el ocaso.
Yo la veo cruzar este celaje,
cuando roza en su vuelo por la amura,
va coqueta y en paz, con su equipaje
destacando en el mismo su blancura.
Ella busca, quizás una baliza,
un descanso a su vuelo y a su danza,
y con gracia y descaro se desliza
a esa proa que marcha a lontananza.
Descansada, más tarde, el vuelo emprende,
esa danza sin par, con virtuosismo,
y de nuevo mi ánimo sorprende,
y la sigo soñando en mi lirismo.
Ya percibo sus alas cortesanas
en mis ojos, soñando, delirantes,
la frescura y su gracia tan cercanas,
que me llenan de forma tan galantes.
***
¡Salve, oh vida!, me digo presuroso,
yo no quiero la muerte con su sombra
ni las alas del cuervo quejumbroso,
que viniera a buscar bajo mi alfombra.
Sólo quiero otras alas, que de lejos,
a mi lado me traigan alegría,
sin carrozas, corceles ni cortejos,
y me lleven al mar, en mi Folía.
Y quizás en el mar no haya esa bruma,
ese inferno de muerte y bancarrota,
y allí encuentre ese lecho, con su pluma,
y las alas, al fin, de mi gaviota.
Rafael Sánchez Ortega ©
19/04/09

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