
Me he quedado de pronto sin palabras
y también escuchando a mi silencio,
las palabras no salen, están muertas,
y al silencio respondo con el eco.
Unas gotas resbalan de mi frente,
un sudor se apodera de mi cuerpo,
hay vacío, de sombras y tinieblas,
hay un frío que corta como el hielo.
Y yo espero temblando ese milagro,
esa luz que sacuda tanto miedo,
ese rayo que venga a mi ventana
y me diga que vivo y que te quiero.
Que te quiero sin voces ni palabras,
aunque busque tu imagen que deseo,
más allá de esta tierra sin fronteras,
más allá de los mares y desiertos.
Y el silencio se vuelve insoportable
y me ahogo, en el mismo, sin saberlo,
yo quisiera mirar a tus pupilas
y leer en tus ojos lo que siento.
Esas notas escritas del pasado
y que vuelan ahora, con el tiempo,
son las gotas de lluvia en tu mirada
es la cruz que me dice que estoy muerto.
Me he quedado, de pronto, sin palabras,
me he quedado dormido, sin saberlo,
y aquí estoy, como niño asustadizo,
sudoroso, llorando y sin pañuelo.
Es la vida, te dices susurrando,
no te importe morir por este sueño,
tú has creído que amabas tiernamente,
y que amaban también tus sentimientos.
Las palabras se quedan estancadas,
los silencios se marchan con el viento,
y te quedas cual sombra en esta historia
contemplando las llamas de este fuego.
Este fuego de envidias y rencores,
esas llamas surgidas con los celos,
cuando iban mis líneas a tu lado
a trazar los poemas con mis besos.
Me he quedado de pronto sin palabras
y también sin las letras de mis versos,
las palabras no salen, se atragantan,
y los versos murieron en mis dedos.
Rafael Sánchez Ortega ©
07/03/09
y también escuchando a mi silencio,
las palabras no salen, están muertas,
y al silencio respondo con el eco.
Unas gotas resbalan de mi frente,
un sudor se apodera de mi cuerpo,
hay vacío, de sombras y tinieblas,
hay un frío que corta como el hielo.
Y yo espero temblando ese milagro,
esa luz que sacuda tanto miedo,
ese rayo que venga a mi ventana
y me diga que vivo y que te quiero.
Que te quiero sin voces ni palabras,
aunque busque tu imagen que deseo,
más allá de esta tierra sin fronteras,
más allá de los mares y desiertos.
Y el silencio se vuelve insoportable
y me ahogo, en el mismo, sin saberlo,
yo quisiera mirar a tus pupilas
y leer en tus ojos lo que siento.
Esas notas escritas del pasado
y que vuelan ahora, con el tiempo,
son las gotas de lluvia en tu mirada
es la cruz que me dice que estoy muerto.
Me he quedado, de pronto, sin palabras,
me he quedado dormido, sin saberlo,
y aquí estoy, como niño asustadizo,
sudoroso, llorando y sin pañuelo.
Es la vida, te dices susurrando,
no te importe morir por este sueño,
tú has creído que amabas tiernamente,
y que amaban también tus sentimientos.
Las palabras se quedan estancadas,
los silencios se marchan con el viento,
y te quedas cual sombra en esta historia
contemplando las llamas de este fuego.
Este fuego de envidias y rencores,
esas llamas surgidas con los celos,
cuando iban mis líneas a tu lado
a trazar los poemas con mis besos.
Me he quedado de pronto sin palabras
y también sin las letras de mis versos,
las palabras no salen, se atragantan,
y los versos murieron en mis dedos.
Rafael Sánchez Ortega ©
07/03/09

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