
Decimos tantas cosas sin palabras
que a veces, nuestro hablar es distraído,
hablamos con el tacto y la mirada
y hablamos mientras brotan mil suspiros.
Suspiros que nos vienen a los labios,
suspiros impacientes que son gritos,
lamentos de las almas impacientes
que buscan el amor en el destino.
Y hablamos, con la voz de la mirada
en ese anochecer del infinito,
en el espejo dulce que refleja
la estrella de tus ojos con sus guiños.
Pero nos habla el tacto y el silencio
al rozar esa tela del vestido,
en esa melodía sin palabras
buscando con los dedos, tu corpiño.
Decimos tantas cosas sin palabras
que a veces nos quedamos encogidos,
pensamos y mandamos el mensaje
en versos y poemas mal escritos.
Y salen vacilantes las palabras,
en letras rescatadas del rocío,
despiertan con legañas y pasiones
y buscan a tu cuerpo y tus oídos.
Y quieren penetrar en tus entrañas
buscar entre sus venas el camino,
mezclarse con tu sangre y con tu aliento
sacando de las vides sus racimos.
Las cepas misteriosas de tu esencia
las uvas que se dan en el cultivo,
regadas con las letras y mis versos
que llegan al hogar para hacer vino.
Las uvas que tratamos con paciencia
haciendo el suave néctar tan divino,
el mismo que llevamos a los labios.
logrando que se nublen los sentidos.
Decimos tantas cosas sin palabras,
que al final nos callamos como niños
y quedamos mirando hacia la nada,
mientras hablan tus ojos y los míos.
Rafael Sánchez Ortega ©
08/03/09
que a veces, nuestro hablar es distraído,
hablamos con el tacto y la mirada
y hablamos mientras brotan mil suspiros.
Suspiros que nos vienen a los labios,
suspiros impacientes que son gritos,
lamentos de las almas impacientes
que buscan el amor en el destino.
Y hablamos, con la voz de la mirada
en ese anochecer del infinito,
en el espejo dulce que refleja
la estrella de tus ojos con sus guiños.
Pero nos habla el tacto y el silencio
al rozar esa tela del vestido,
en esa melodía sin palabras
buscando con los dedos, tu corpiño.
Decimos tantas cosas sin palabras
que a veces nos quedamos encogidos,
pensamos y mandamos el mensaje
en versos y poemas mal escritos.
Y salen vacilantes las palabras,
en letras rescatadas del rocío,
despiertan con legañas y pasiones
y buscan a tu cuerpo y tus oídos.
Y quieren penetrar en tus entrañas
buscar entre sus venas el camino,
mezclarse con tu sangre y con tu aliento
sacando de las vides sus racimos.
Las cepas misteriosas de tu esencia
las uvas que se dan en el cultivo,
regadas con las letras y mis versos
que llegan al hogar para hacer vino.
Las uvas que tratamos con paciencia
haciendo el suave néctar tan divino,
el mismo que llevamos a los labios.
logrando que se nublen los sentidos.
Decimos tantas cosas sin palabras,
que al final nos callamos como niños
y quedamos mirando hacia la nada,
mientras hablan tus ojos y los míos.
Rafael Sánchez Ortega ©
08/03/09

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