miércoles, 11 de marzo de 2009

POR DEBAJO DE DIOS ESTÁN LOS HOMBRES


Por debajo de Dios, están los hombres,
por debajo del cielo, está la tierra,
y aquí estoy, ¡oh mi Dios, para quererte!
y tomar ese amor que tú me entregas.

En el mundo cruel, en que vivimos,
es muy fácil amar, falsas quimeras,
y también adorar bellas figuras,
tan vacías de amor pues están huecas.

Soledad hay en almas tan vacías
que buscan dentro lo que tienen fuera
ese rayo de sol, esa esperanza,
ese soplo de amor, que Dios les lleva.

Soledad hay en hombres que trabajan,
en las frentes que sudan por las heras,
en las manos con callos por la azada,
en la sangre que grita y se calienta.

Es difícil amar si no se ama
aunque te amen amor, con honda huella,
aunque sientas de Dios esa ternura
esa mano feliz, que te consuela.

Por debajo de Dios, están los hombres,
prisioneros de amor con sus cadenas,
el alegre tic-tac de sus relojes
el sonido del mar y las mareas.

Sin embargo buscamos ilusiones
nos forjamos amores y leyendas,
nos creemos palabras sin sentido
y no vemos de Dios lo que nos deja.

Un mensaje de entrega de su vida,
esa cruz que El acepta sin reservas,
ese estar maltratado y humillado,
ese dar esa vida por la nuestra.

Y su Amor que nos baja de los cielos,
no lo vemos, mi amor, por la ceguera,
y te pido perdón, ¡oh Dios amado!,
por no ver el mensaje en tu presencia.

Por no ver con los ojos de los hombres
a ese Dios y el Amor en su belleza,
a ese suave suspiro de los cielos,
que nos trajo el Amor a nuestra puerta.

Rafael Sánchez Ortega ©
09/03/09

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