viernes, 6 de marzo de 2009

AQUELLAS ROCAS LLORABAN


Aquellas rocas lloraban
y lloraban las estrellas,
gemía también el viento
contra paredes y puertas.

Un temporal del oeste
soplaba duro y con fuerza,
con rachas que destrozaban
a las pacientes banderas.

Había un mar muy violento
con nubes negras muy negras,
el corazón se encogía
y la mañana era eterna.

Yo caminaba luchando
contra ese viento que llega,
mientras sus rachas heladas
hacían temblar mis piernas.

Tiemblan mis manos cansadas,
tiembla también la marea
con esas olas gigantes
que rompen como centellas.

Y rompen pronto en la costa
como queriendo romperla,
y pasan raudo la barra
para dormir en la arena.

Aquellas rocas lloraban
por los golpes que les pegan,
esas olas tan furiosas
que descarga la tormenta.

Esos látigos traidores
que golpean con violencia,
en un compás desmedido
sin compasión y clemencia.

Yo vi llorar a las rocas
y vi llorar a las piedras,
con esas lágrimas suyas
entre el salitre y la brea.

Dentro los barcos dormían
con ese vals que los nea,
en la bahía que duerme,
entre aparejos y cuerdas.

Y allí los cielos lloraban,
y desgranaban sus penas,
con ese viento que sopla
mientras los mares se acuestan.

Yo contemplé todo esto,
y vi llegar la galerna,
junto a mi Villa de siempre
entre ese mar de mi tierra.

Rafael Sánchez Ortega ©
06/03/09

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