
Yo te miro temblando como un junco,
al que mueve ese viento en la ribera,
son tus besos no más lo que percibo,
es tu olor y fragancia que me llena.
Es la brisa que llega a tu costado,
son mis dedos rozando tu cadera,
es el dulce y sutil escalofrío
es el beso impaciente que deseas.
Tú me esperas temblando, vida mía,
yo te busco y me entrego sin reservas,
y bebemos el néctar de esa copa,
y saciamos la sed de nuestras venas.
Es tu cuerpo quien siente escalofríos,
es mi piel que se eriza y que se altera,
es la lava que escapa de tu pecho,
es mi sangre que grita y te desea.
Y al final, sudorosos y cansados,
dormiremos por fin en la ribera,
en un lecho de rosas y lujurias,
con pasiones y dichas incompletas.
Rafael Sánchez Ortega ©
25/02/09
al que mueve ese viento en la ribera,
son tus besos no más lo que percibo,
es tu olor y fragancia que me llena.
Es la brisa que llega a tu costado,
son mis dedos rozando tu cadera,
es el dulce y sutil escalofrío
es el beso impaciente que deseas.
Tú me esperas temblando, vida mía,
yo te busco y me entrego sin reservas,
y bebemos el néctar de esa copa,
y saciamos la sed de nuestras venas.
Es tu cuerpo quien siente escalofríos,
es mi piel que se eriza y que se altera,
es la lava que escapa de tu pecho,
es mi sangre que grita y te desea.
Y al final, sudorosos y cansados,
dormiremos por fin en la ribera,
en un lecho de rosas y lujurias,
con pasiones y dichas incompletas.
Rafael Sánchez Ortega ©
25/02/09

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