
Mi lindo río, mi Ebro tan hermoso,
¿por dónde vas contando tus secretos?,
¿por qué barrancos bajas y te estiras,
llevando al mar tus aguas y misterios?
Yo te miré pasando lentamente
por ese cauce tuyo tan sereno,
y te escuché cantando entre los juncos,
para dejar tu gracia y embeleso.
Naciste en esa tierra de Cantabria,
ese rincón del norte que es el nuestro,
y desde allí te estiras presuroso,
para llevar al mar tu suave beso.
Yo contemplé la nieve de esos montes,
en el Tres Mares que se estira eterno,
para asistir, después en Peña Labra,
al Fontibre que tienes como templo.
Allí te bautizaron los antiguos
allí fundieron nieves con el hielo,
y allí nació la sangre que tu llevas,
y ese caudal de agua que venero.
Y así te vi por tierras de Castilla,
en la Rioja regando sus viñedos,
en Aragón, por tierras de secano,
y Cataluña, en tu final de ensueño.
Mi lindo río, mi Ebro que yo adoro,
te pregunto, en la noche que yo espero,
¿si has visto tú a la dueña de mi alma,
si puedes tú decirla lo que siento?
Si tú la ves le dás mi tibio abrazo,
le dás también el soplo de mi aliento,
para que mire pronto entre tus aguas
y encuentre allí, el fondo de su espejo.
Atrás dejaste tierras y ciudades,
cubriendo tus embalses muchos pueblos,
quedaron sepultados en tus aguas
sudores con recuerdos que ya han muerto.
Pero tus aguas tienen el encanto
que baja desde el mismo Pirineo,
y yo te busco, loco, enfebrecido,
para saciar mi sed, ¡oh río Ebro!
Rafael Sánchez Ortega ©
28/02/09
¿por dónde vas contando tus secretos?,
¿por qué barrancos bajas y te estiras,
llevando al mar tus aguas y misterios?
Yo te miré pasando lentamente
por ese cauce tuyo tan sereno,
y te escuché cantando entre los juncos,
para dejar tu gracia y embeleso.
Naciste en esa tierra de Cantabria,
ese rincón del norte que es el nuestro,
y desde allí te estiras presuroso,
para llevar al mar tu suave beso.
Yo contemplé la nieve de esos montes,
en el Tres Mares que se estira eterno,
para asistir, después en Peña Labra,
al Fontibre que tienes como templo.
Allí te bautizaron los antiguos
allí fundieron nieves con el hielo,
y allí nació la sangre que tu llevas,
y ese caudal de agua que venero.
Y así te vi por tierras de Castilla,
en la Rioja regando sus viñedos,
en Aragón, por tierras de secano,
y Cataluña, en tu final de ensueño.
Mi lindo río, mi Ebro que yo adoro,
te pregunto, en la noche que yo espero,
¿si has visto tú a la dueña de mi alma,
si puedes tú decirla lo que siento?
Si tú la ves le dás mi tibio abrazo,
le dás también el soplo de mi aliento,
para que mire pronto entre tus aguas
y encuentre allí, el fondo de su espejo.
Atrás dejaste tierras y ciudades,
cubriendo tus embalses muchos pueblos,
quedaron sepultados en tus aguas
sudores con recuerdos que ya han muerto.
Pero tus aguas tienen el encanto
que baja desde el mismo Pirineo,
y yo te busco, loco, enfebrecido,
para saciar mi sed, ¡oh río Ebro!
Rafael Sánchez Ortega ©
28/02/09

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