
Te siento, soledad, en esta noche,
te veo en este frío que me llega,
en esa imagen que muy cerca tengo,
en la línea sinuosa de tu estela.
Y llegas soledad sin yo pedirlo,
no llamas en el timbre de mi puerta,
no rozas con tus dedos mi ventana,
ni miras si molesta tu presencia.
Quizás ya me conoces del pasado,
de noches con ciclones y tormentas,
aquellas con el alma tan helada
y en otras arrastrando las cadenas.
Viví mi juventud en aquel tiempo,
busqué la soledad noches enteras,
también en lindas tardes del verano,
y en bellas madrugadas soñolientas.
Y tú me acompañaste en el camino,
y fuiste compañera sin reserva,
contigo compartí muchos secretos
de llantos con sonrisas y promesas.
Más todo está guardado en el olvido,
aquel tiempo pasado no interesa,
ahora vivo sólo en el presente
tratando de querer y que me quieran.
Por eso soledad siento tu aliento
y quiero simplemente que comprendas,
mi vida no es ahora la de antes,
no quiero soledad ni más tristeza.
Yo quiero soledad ese susurro,
la brisa del nordeste siempre fresca,
las voces que me llegan desde lejos,
el canto del amor y de la tierra.
Y quiero ese latido presuroso,
el dulce tintineo de la espuela,
la alegre algarabía de mi amada,
el canto de su boca tan risueña.
Y quiero rodearla con mis brazos,
buscar entre sus labios ese néctar,
sentir como palpita por su pecho
la sangre desbocada de sus venas.
Por eso soledad, déjame solo,
ya tengo compañía en mis poemas,
mis versos tienen cara y tienen nombre
yo escribo en estas letras para ella.
La dueña de mi amor y mi destino,
la niña y la mujer con alma nueva,
el cuerpo tan ansiado que yo amo,
el ser que me acaricia y que me besa.
Rafael Sánchez Ortega ©
01/03/09
te veo en este frío que me llega,
en esa imagen que muy cerca tengo,
en la línea sinuosa de tu estela.
Y llegas soledad sin yo pedirlo,
no llamas en el timbre de mi puerta,
no rozas con tus dedos mi ventana,
ni miras si molesta tu presencia.
Quizás ya me conoces del pasado,
de noches con ciclones y tormentas,
aquellas con el alma tan helada
y en otras arrastrando las cadenas.
Viví mi juventud en aquel tiempo,
busqué la soledad noches enteras,
también en lindas tardes del verano,
y en bellas madrugadas soñolientas.
Y tú me acompañaste en el camino,
y fuiste compañera sin reserva,
contigo compartí muchos secretos
de llantos con sonrisas y promesas.
Más todo está guardado en el olvido,
aquel tiempo pasado no interesa,
ahora vivo sólo en el presente
tratando de querer y que me quieran.
Por eso soledad siento tu aliento
y quiero simplemente que comprendas,
mi vida no es ahora la de antes,
no quiero soledad ni más tristeza.
Yo quiero soledad ese susurro,
la brisa del nordeste siempre fresca,
las voces que me llegan desde lejos,
el canto del amor y de la tierra.
Y quiero ese latido presuroso,
el dulce tintineo de la espuela,
la alegre algarabía de mi amada,
el canto de su boca tan risueña.
Y quiero rodearla con mis brazos,
buscar entre sus labios ese néctar,
sentir como palpita por su pecho
la sangre desbocada de sus venas.
Por eso soledad, déjame solo,
ya tengo compañía en mis poemas,
mis versos tienen cara y tienen nombre
yo escribo en estas letras para ella.
La dueña de mi amor y mi destino,
la niña y la mujer con alma nueva,
el cuerpo tan ansiado que yo amo,
el ser que me acaricia y que me besa.
Rafael Sánchez Ortega ©
01/03/09

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