
Sonaban las campanas en la noche,
rompían sus tañidos el silencio,
llamaban a la misa de los niños,
a ver ese Belén con tantos sueños.
Los sueños de los niños y mayores
que llegan con los Reyes en camello,
y bajan a nosotros en la noche
y vienen a cumplir nuestros deseos.
Sonaban las campanas muy alegres,
llamaban a los niños que son buenos,
querían que llegaran y adorasen
al Niño que ha bajado de los cielos.
Querían que rezaran por los otros,
los niños sin hogares y sin techo,
aquellos no tan buenos y con hambre,
pero niños en la tierra, como ellos.
Sonaban las campanas en la iglesia
querían a los niños y a sus rezos,
querían que dejaran sus plegarias,
por niños de otros mundos y otros pueblos.
Por niños que son pobres y carentes,
por niños que caminan por el suelo,
descalzos y pidiendo una limosna
y miran con los ojos muy abiertos.
Sonaban las campanas en la noche,
llamando a corazones muy inquietos,
los mismos de los niños y mayores
que buscan un regalo con anhelo.
Que quieren esa paz tan proclamada,
que buscan la mirada del Dios tierno,
que buscan esa mano y la caricia,
del Niño que ha nacido y es eterno.
Sonaban las campanas sin descanso,
llamaban a los niños con el viento,
dejaban sus tañidos un mensaje,
dejaban con sus notas dulces besos.
Hay noches que se guardan en el alma,
hay rezos que se quedan en el pecho,
hay niños que precisan un regalo,
hay broches, de caricias y de fuego.
Rafael Sánchez Ortega ©
06/01/09
rompían sus tañidos el silencio,
llamaban a la misa de los niños,
a ver ese Belén con tantos sueños.
Los sueños de los niños y mayores
que llegan con los Reyes en camello,
y bajan a nosotros en la noche
y vienen a cumplir nuestros deseos.
Sonaban las campanas muy alegres,
llamaban a los niños que son buenos,
querían que llegaran y adorasen
al Niño que ha bajado de los cielos.
Querían que rezaran por los otros,
los niños sin hogares y sin techo,
aquellos no tan buenos y con hambre,
pero niños en la tierra, como ellos.
Sonaban las campanas en la iglesia
querían a los niños y a sus rezos,
querían que dejaran sus plegarias,
por niños de otros mundos y otros pueblos.
Por niños que son pobres y carentes,
por niños que caminan por el suelo,
descalzos y pidiendo una limosna
y miran con los ojos muy abiertos.
Sonaban las campanas en la noche,
llamando a corazones muy inquietos,
los mismos de los niños y mayores
que buscan un regalo con anhelo.
Que quieren esa paz tan proclamada,
que buscan la mirada del Dios tierno,
que buscan esa mano y la caricia,
del Niño que ha nacido y es eterno.
Sonaban las campanas sin descanso,
llamaban a los niños con el viento,
dejaban sus tañidos un mensaje,
dejaban con sus notas dulces besos.
Hay noches que se guardan en el alma,
hay rezos que se quedan en el pecho,
hay niños que precisan un regalo,
hay broches, de caricias y de fuego.
Rafael Sánchez Ortega ©
06/01/09

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