viernes, 16 de enero de 2009

SE MARCHÓ NUESTRO ÚLTIMO POETA


Se marchó nuestro último poeta,
se nos fue sin dejarnos una nota,
sin decir ni siquiera una palabra,
se nos fue, sin luchar, con su derrota.

Se nos fue abandonado por la vida
y marchó cuando aún no era su hora,
a ese viaje tan largo en el destino,
a ese mundo de sombras cegadoras.

Sin embargo se fue con la sonrisa
en los labios tan tiernos de su boca,
en los pliegues marcados de sus ojos,
en las algas tan verdes de las rocas.

Se durmió con su eterna fantasía,
con su risa paciente y con su broma,
con su pluma guardada y su cuaderno
encerrados con plásticos y gomas.

Con los ojos cerrados en su nido,
con la flor que los cubre y los adorna,
con pasiones que deja su mirada
con reflejos y sed que nos trastorna.

Y las algas crecieron en las playas,
en los muros y barra tan angosta,
y salieron de pronto por la arena,
y crecieron deprisa por la costa.

Fue la magia del último romántico
que durmió en su lecho de caoba
y se fue de este mundo para siempre
a escribir en los cielos otra trova.

Ahora está en las nubes con sus dedos
dibujando esas nubes de cretona,
esos dulces y tiernos paraisos
esos cielos sembrados de coronas.

Se nos fue al jardín de las vestales,
el poeta sin lápiz y con brocha,
a pintar el poema de su vida,
más allá de los peces y parrocha.

A pintar de su vida y de sus sueños,
de ese mundo y amante cariñosa,
escribiendo con rasgos muy bonitos
del amor y su niña tan preciosa.

Rafael Sánchez Ortega ©
05/01/09

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