Un día descubrímos las estrellas
hablaban entre sí, y murmuraban,
contando los secretos de la vida,
de gentes y lugares muy lejanas.
Entonces nos quedamos como los niños,
mirando y escuchando lo que hablaban,
el dulce estremecerse de sus luces
con voces de sirenas encantadas.
Recuerdo aquel instante y no lo olvido,
afuera contestaban las cigarras
mandaban con su nota y fantasía
respuesta a las estrellas y a la nada.
Las olas contagiadas se vistieron
de espuma de las olas, y las algas,
ponían esos lazos de ternura
en medio del salitre y de la playa.
No había soledad, sino silencio,
murmullos muy velados sin palabras,
las rosas del jardín no lo sabían,
sus pétalos de seda dormitaban.´
Recuerdo aquellos dedos de tu mano,
la mía entre la tuya entrelazada,
buscábamos respuesta a tantas cosas,
quizás al corazón que nos gritaba.
Sabíamos que hablaban las estrellas,
un diálogo de lengua muy extraña,
nosotros deseábamos sus rayos
y en ellos esas luces de esperanza.
Las luces que encendiendo las pupilas,
vibrara en los dos pechos con sus llamas,
dejando aquella marca para siempre
grabada con amor en nuestras almas.
De pronto comprendimos el mensaje,
las voces que del cielo nos llegaban,
susurros que enviaban las estrellas,
diciendo que existía otro mañana.
Un día descubrimos las estrellas,
buscamos a la rosa con el alba,
cerramos nuestros ojos lentamente
y entonces emprendimos nuestra marcha.
Rafael Sánchez Ortega ©
08/12/08
hablaban entre sí, y murmuraban,
contando los secretos de la vida,
de gentes y lugares muy lejanas.
Entonces nos quedamos como los niños,
mirando y escuchando lo que hablaban,
el dulce estremecerse de sus luces
con voces de sirenas encantadas.
Recuerdo aquel instante y no lo olvido,
afuera contestaban las cigarras
mandaban con su nota y fantasía
respuesta a las estrellas y a la nada.
Las olas contagiadas se vistieron
de espuma de las olas, y las algas,
ponían esos lazos de ternura
en medio del salitre y de la playa.
No había soledad, sino silencio,
murmullos muy velados sin palabras,
las rosas del jardín no lo sabían,
sus pétalos de seda dormitaban.´
Recuerdo aquellos dedos de tu mano,
la mía entre la tuya entrelazada,
buscábamos respuesta a tantas cosas,
quizás al corazón que nos gritaba.
Sabíamos que hablaban las estrellas,
un diálogo de lengua muy extraña,
nosotros deseábamos sus rayos
y en ellos esas luces de esperanza.
Las luces que encendiendo las pupilas,
vibrara en los dos pechos con sus llamas,
dejando aquella marca para siempre
grabada con amor en nuestras almas.
De pronto comprendimos el mensaje,
las voces que del cielo nos llegaban,
susurros que enviaban las estrellas,
diciendo que existía otro mañana.
Un día descubrimos las estrellas,
buscamos a la rosa con el alba,
cerramos nuestros ojos lentamente
y entonces emprendimos nuestra marcha.
Rafael Sánchez Ortega ©
08/12/08

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