Se van cayendo las hojas
y pasan lentos los años,
se marcha raudo el otoño
llegando el invierno blanco.
Atrás se quedan los días
con tantos recuerdos gratos,
los robles tristes del bosque,
las hayas con musgo cano.
Se marchan también los sueños,
se pierden por los barrancos,
entre suspiros del alma
y entre recuerdos muy gratos.
No olvides pues esas hojas,
aunque se fundan en barro,
aunque las aguas las lleven
por los canales abajo.
En cada hoja perdida
hay un embrujo guardado,
son como perlas del tiempo
que pone Dios con su mano.
Por eso mira las hojas
y busca en ellas su encanto,
quizás allí se conserven
tantos poemas buscados.
Tantos suspiros y besos,
tantos silencios extraños,
tantas miradas inquietas
con los abrazos robados.
Se marchan si, con las hojas,
para mezclarse en el fango,
aquellos hombres sencillos
junto a ladrones malvados.
Por eso insisto en que mires,
y que apresures tus pasos,
las hojas caen y se marchan
con sus mensajes sagrados.
Allí se encuentran los días,
la vida azul del verano,
la primavera olvidada
y hasta el otoño pasado.
Se van cayendo las hojas
y verso a verso proclamo
que entre las mismas se encuentra
aquel amor que rescato.
Aquellos sueños de niño,
la juventud con su encanto,
y por encima de todo
el hombre dulce y callado.
Allí estarán las caricias
el beso fiel de unos labios
las ilusiones sentidas
y junto a ellas mi abrazo.
Rafael Sánchez Ortega ©
14/12/09
y pasan lentos los años,
se marcha raudo el otoño
llegando el invierno blanco.
Atrás se quedan los días
con tantos recuerdos gratos,
los robles tristes del bosque,
las hayas con musgo cano.
Se marchan también los sueños,
se pierden por los barrancos,
entre suspiros del alma
y entre recuerdos muy gratos.
No olvides pues esas hojas,
aunque se fundan en barro,
aunque las aguas las lleven
por los canales abajo.
En cada hoja perdida
hay un embrujo guardado,
son como perlas del tiempo
que pone Dios con su mano.
Por eso mira las hojas
y busca en ellas su encanto,
quizás allí se conserven
tantos poemas buscados.
Tantos suspiros y besos,
tantos silencios extraños,
tantas miradas inquietas
con los abrazos robados.
Se marchan si, con las hojas,
para mezclarse en el fango,
aquellos hombres sencillos
junto a ladrones malvados.
Por eso insisto en que mires,
y que apresures tus pasos,
las hojas caen y se marchan
con sus mensajes sagrados.
Allí se encuentran los días,
la vida azul del verano,
la primavera olvidada
y hasta el otoño pasado.
Se van cayendo las hojas
y verso a verso proclamo
que entre las mismas se encuentra
aquel amor que rescato.
Aquellos sueños de niño,
la juventud con su encanto,
y por encima de todo
el hombre dulce y callado.
Allí estarán las caricias
el beso fiel de unos labios
las ilusiones sentidas
y junto a ellas mi abrazo.
Rafael Sánchez Ortega ©
14/12/09

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