Forastero que vagas por el mundo
sin hatillo, ni capa ni maleta,
haz un alto y escúchame un segundo
y verás lo que escribe este poeta.
Un lucero palpita furibundo
y se acerca de pronto, es un cometa,
y se pierde en el cielo, tan profundo,
sin saber que ha llegado ya a la meta.
Un testigo contempla con agrado,
esta imagen tan bella y tan precisa,
que parece arrancada de algún cuadro.
Y la vive en silencio, forastero,
para darte con ella su sonrisa
y ofrecerte sus dotes de hechicero.
Forastero no temas al destino
ni tampoco a la imagen que te entregan,
hay allí esa imagen del beduino,
el azul y las formas que te llegan.
Su silueta es del ángel bizantino
admirando los campos, mientras siegan;
a su espalda el desierto y el camino,
y adelante las luces que lo ciegan.
Los cometas son almas vagabundas
con su estela de blanco desteñida,
que se pasan y pierden en segundos.
Pero tú, forastero y caminante,
mira el cuadro y palpita con su vida
y tendrás al mejor acompañante.
Rafael Sánchez Ortega ©
16/12/09
sin hatillo, ni capa ni maleta,
haz un alto y escúchame un segundo
y verás lo que escribe este poeta.
Un lucero palpita furibundo
y se acerca de pronto, es un cometa,
y se pierde en el cielo, tan profundo,
sin saber que ha llegado ya a la meta.
Un testigo contempla con agrado,
esta imagen tan bella y tan precisa,
que parece arrancada de algún cuadro.
Y la vive en silencio, forastero,
para darte con ella su sonrisa
y ofrecerte sus dotes de hechicero.
Forastero no temas al destino
ni tampoco a la imagen que te entregan,
hay allí esa imagen del beduino,
el azul y las formas que te llegan.
Su silueta es del ángel bizantino
admirando los campos, mientras siegan;
a su espalda el desierto y el camino,
y adelante las luces que lo ciegan.
Los cometas son almas vagabundas
con su estela de blanco desteñida,
que se pasan y pierden en segundos.
Pero tú, forastero y caminante,
mira el cuadro y palpita con su vida
y tendrás al mejor acompañante.
Rafael Sánchez Ortega ©
16/12/09

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