jueves, 5 de noviembre de 2009

TARDE GRIS

Tarde gris con el cielo muy plomizo,
el otoño regresa vacilante,
unas nubes acechan en el cielo
con la lluvia que dejan a raudales.

Yo contemplo la lluvia en la ventana,
ese agua que limpia nuestras calles,
la que moja también los corazones
y nos trae con su esencia las verdades.

La verdad del otoño solo es una,
es cambiar esas hojas de los árboles,
convirtiendo las mismas en alfombras,
con sus tonos dorados y saudades.

Los recuerdos se apilan en el suelo
con las hojas dormidas que renacen,
y allí están, entre ellas, mis sentidos,
rebuscando quimeras e ideales.

Pero pronto la lluvia las marchita
y se van por cunetas y canales,
esos sueños tan lindos y dormidos,
con las rosas cortadas una tarde.

Un suspiro me llega a la garganta,
es tu nombre del pecho que me sale,
es la brisa que llega en el otoño,
y me roza en el alma con su aire.

Yo la siento perdida en el silencio,
mientras miro ese vuelo de las aves,
ese gris de las nubes que ahora pasan,
y ese canto de otoños y de edades.

Yo viví primaveras ya pasadas
y gocé temporadas estivales,
me bañé con el mar y las estrellas
y soñè como sueñan los mortales.

Y al final ha llegado el gris otoño,
con sus ciclos y días tan variables,
y me embriago con él, de sus misterios,
mientras siento otro otoño por mi sangre.

Este otoño de tarde cenicienta,
es el gris de las letras que ahora salen,
y con ellas las hojas tan doradas,
que ciñeron las sienes de los ángeles.

Tarde gris, tarde negra y tarde oscura,
es otoño sin más, con canto grave,
es el alma que siente suspirando
que ha llegado la hora de abrazarte.

Rafael Sánchez Ortega ©
05/10/09

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