lunes, 9 de noviembre de 2009

TARDE FRÍA

Tarde fría y tarde gris
del otoño soñoliento,
me estremezco en esta tarde
y me encojo en el silencio.

En la calle cae la lluvia,
la tormenta suena lejos,
y las nubes tan oscuras
van deprisa por los cielos.

Yo quisiera ser gaviota
y volar lejos, muy lejos,
en un baile sin descanso
y llevada por los vientos.

Buscaría así el destino,
en las costas y otros puertos,
y también la linda moza
que acaricie mis cabellos.

Hace frío y me sonrío,
es otoño y casi invierno,
y me encuentro aquí soñando
cual si fuera un jovenzuelo.

Tengo rosas en el alma
con sus pétalos dispersos,
tengo hambre y tengo frío,
que me traen viejos recuerdos.

Por ejemplo aquella tarde,
era un día de Febrero,
una bella campesina
cocinando junto al fuego.

Yo miraba su trabajo,
a sus manos y sus dedos,
y corrí con mi sonrisa
para darla pronto un beso.

Hace frío y es otoño,
en la tarde en que esto pienso,
yo vislumbro la figura
de aquel ángel tan esbelto.

Aún recuerdo su presencia,
y sus voces y sus gestos,
su mirada seductora
y su mano por mi pelo.

También pienso en un suspiro
y en mis ojos soñolientos,
que buscaban impacientes
la princesa de mis sueños.

Y llegaste madre mía,
me buscaste con tu cuerpo,
y tus manos me abrazaron
con cariño dulce y tierno.

Hace frío en esta tarde,
es otoño y yo lo siento,
siento el cuerpo envejecido
aunque el alma está latiendo.

Yo conservo esa esperanza,
de vivir como yo quiero,
y aspirar las estaciones
cada una en su momento.

Es otoño y hace frío,
soy consciente del suceso,
pero hay algo que suspira
y que grita aquí, en mi pecho.

Es un grito con tu nombre,
y es tu cuerpo el que deseo,
un susurro de la brisa
y el poema de tus versos.

Rafael Sánchez Ortega ©
09/11/09

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