Tarde fría y tarde gris
del otoño soñoliento,
me estremezco en esta tarde
y me encojo en el silencio.
En la calle cae la lluvia,
la tormenta suena lejos,
y las nubes tan oscuras
van deprisa por los cielos.
Yo quisiera ser gaviota
y volar lejos, muy lejos,
en un baile sin descanso
y llevada por los vientos.
Buscaría así el destino,
en las costas y otros puertos,
y también la linda moza
que acaricie mis cabellos.
Hace frío y me sonrío,
es otoño y casi invierno,
y me encuentro aquí soñando
cual si fuera un jovenzuelo.
Tengo rosas en el alma
con sus pétalos dispersos,
tengo hambre y tengo frío,
que me traen viejos recuerdos.
Por ejemplo aquella tarde,
era un día de Febrero,
una bella campesina
cocinando junto al fuego.
Yo miraba su trabajo,
a sus manos y sus dedos,
y corrí con mi sonrisa
para darla pronto un beso.
Hace frío y es otoño,
en la tarde en que esto pienso,
yo vislumbro la figura
de aquel ángel tan esbelto.
Aún recuerdo su presencia,
y sus voces y sus gestos,
su mirada seductora
y su mano por mi pelo.
También pienso en un suspiro
y en mis ojos soñolientos,
que buscaban impacientes
la princesa de mis sueños.
Y llegaste madre mía,
me buscaste con tu cuerpo,
y tus manos me abrazaron
con cariño dulce y tierno.
Hace frío en esta tarde,
es otoño y yo lo siento,
siento el cuerpo envejecido
aunque el alma está latiendo.
Yo conservo esa esperanza,
de vivir como yo quiero,
y aspirar las estaciones
cada una en su momento.
Es otoño y hace frío,
soy consciente del suceso,
pero hay algo que suspira
y que grita aquí, en mi pecho.
Es un grito con tu nombre,
y es tu cuerpo el que deseo,
un susurro de la brisa
y el poema de tus versos.
Rafael Sánchez Ortega ©
09/11/09
del otoño soñoliento,
me estremezco en esta tarde
y me encojo en el silencio.
En la calle cae la lluvia,
la tormenta suena lejos,
y las nubes tan oscuras
van deprisa por los cielos.
Yo quisiera ser gaviota
y volar lejos, muy lejos,
en un baile sin descanso
y llevada por los vientos.
Buscaría así el destino,
en las costas y otros puertos,
y también la linda moza
que acaricie mis cabellos.
Hace frío y me sonrío,
es otoño y casi invierno,
y me encuentro aquí soñando
cual si fuera un jovenzuelo.
Tengo rosas en el alma
con sus pétalos dispersos,
tengo hambre y tengo frío,
que me traen viejos recuerdos.
Por ejemplo aquella tarde,
era un día de Febrero,
una bella campesina
cocinando junto al fuego.
Yo miraba su trabajo,
a sus manos y sus dedos,
y corrí con mi sonrisa
para darla pronto un beso.
Hace frío y es otoño,
en la tarde en que esto pienso,
yo vislumbro la figura
de aquel ángel tan esbelto.
Aún recuerdo su presencia,
y sus voces y sus gestos,
su mirada seductora
y su mano por mi pelo.
También pienso en un suspiro
y en mis ojos soñolientos,
que buscaban impacientes
la princesa de mis sueños.
Y llegaste madre mía,
me buscaste con tu cuerpo,
y tus manos me abrazaron
con cariño dulce y tierno.
Hace frío en esta tarde,
es otoño y yo lo siento,
siento el cuerpo envejecido
aunque el alma está latiendo.
Yo conservo esa esperanza,
de vivir como yo quiero,
y aspirar las estaciones
cada una en su momento.
Es otoño y hace frío,
soy consciente del suceso,
pero hay algo que suspira
y que grita aquí, en mi pecho.
Es un grito con tu nombre,
y es tu cuerpo el que deseo,
un susurro de la brisa
y el poema de tus versos.
Rafael Sánchez Ortega ©
09/11/09

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