Canta el mar su canto triste
rompe fuerte en la escollera,
trae tambores y timbales
suenan gritos y trompetas.
El oeste sopla agreste
ululando con gran fuerza,
los navíos pierden ancla,
la corriente se los lleva.
Unas olas atrevidas,
saltan, brinca y pelean,
y quisieran en su abrazo
confundirse con la tierra.
Yo contemplo al marinero,
el que mira y solo reza,
el que espera que ya pase
este viento y la galerna.
Hay dos lanchas al garete,
su derrota ya no cuenta,
no hay marinos en su borda
y sus mástiles sin velas.
Van directas a la playa,
han doblado la escollera,
impulsadas por las olas
que las llevan a la arena.
El marino que las mira,
se estremece y hasta tiembla,
es el fruto del trabajo
que se rompe y que se estrella.
Esas quillas florecientes,
y las tablas de cubierta,
fueron fruto de sudores
y trabajos con la pesca.
Una nota de nostalgia
le estremece y entremezcla,
al marino que impaciente
esta escena ya contempla.
Él nació en humilde casa,
casi al borde la Ribera,
y jugaba desde niño
con el mar y la marea.
Conoció, siendo más joven,
en el muelle a una redera,
y soñó junto a su lado
con hacerla su princesa.
Fueron sueños de marino
en un alma de poeta,
entre algas y salitre
cormoranes y sirenas.
La gaviota pidió un beso
y un mensaje para ella,
y aquel joven marinero
dio ese beso sin reservas.
Todo esto recordaba
entre lágrimas sinceras
mientras vé como sus barcas
son retales de traineras.
Son tablones desgarrados,
son maderas que están muertas,
como fruto del oeste
con el mar y la tormenta.
Canta el mar su canto triste,
y el marino ya despierta,
ha perdido una batalla
más aún queda mucha guerra.
Buscará en los arenales
los maderos que se puedan,
que estén sanos y estén fuertes
para hacer la nave nueva.
Una nave más bonita,
un navió de solera,
con un nombre en esa proa
que destaque y que se vea.
Y allí presto irá tu nombre,
adornando la diadema
de esa quilla rompeolas
en la barca barquereña.
Canta el mar y canta el viento,
hay jolgorio y no de fiesta,
gimen fuerte los chicotes
los marinos desesperan...
Más muy pronto, la bonanza,
dará fin a la tragedia,
y un suspiro y una Salve
dejarán en La Barquera.
Una Salve con un canto,
ese rezo y esa muestra
que allí entonan los marinos
con la Salve marinera.
...Canta el mar y canta el viento,
hay un canto a las estrellas,
es el canto de los mares
de sus olas y leyendas...
Rafael Sánchez Ortega ©
09/11/09
rompe fuerte en la escollera,
trae tambores y timbales
suenan gritos y trompetas.
El oeste sopla agreste
ululando con gran fuerza,
los navíos pierden ancla,
la corriente se los lleva.
Unas olas atrevidas,
saltan, brinca y pelean,
y quisieran en su abrazo
confundirse con la tierra.
Yo contemplo al marinero,
el que mira y solo reza,
el que espera que ya pase
este viento y la galerna.
Hay dos lanchas al garete,
su derrota ya no cuenta,
no hay marinos en su borda
y sus mástiles sin velas.
Van directas a la playa,
han doblado la escollera,
impulsadas por las olas
que las llevan a la arena.
El marino que las mira,
se estremece y hasta tiembla,
es el fruto del trabajo
que se rompe y que se estrella.
Esas quillas florecientes,
y las tablas de cubierta,
fueron fruto de sudores
y trabajos con la pesca.
Una nota de nostalgia
le estremece y entremezcla,
al marino que impaciente
esta escena ya contempla.
Él nació en humilde casa,
casi al borde la Ribera,
y jugaba desde niño
con el mar y la marea.
Conoció, siendo más joven,
en el muelle a una redera,
y soñó junto a su lado
con hacerla su princesa.
Fueron sueños de marino
en un alma de poeta,
entre algas y salitre
cormoranes y sirenas.
La gaviota pidió un beso
y un mensaje para ella,
y aquel joven marinero
dio ese beso sin reservas.
Todo esto recordaba
entre lágrimas sinceras
mientras vé como sus barcas
son retales de traineras.
Son tablones desgarrados,
son maderas que están muertas,
como fruto del oeste
con el mar y la tormenta.
Canta el mar su canto triste,
y el marino ya despierta,
ha perdido una batalla
más aún queda mucha guerra.
Buscará en los arenales
los maderos que se puedan,
que estén sanos y estén fuertes
para hacer la nave nueva.
Una nave más bonita,
un navió de solera,
con un nombre en esa proa
que destaque y que se vea.
Y allí presto irá tu nombre,
adornando la diadema
de esa quilla rompeolas
en la barca barquereña.
Canta el mar y canta el viento,
hay jolgorio y no de fiesta,
gimen fuerte los chicotes
los marinos desesperan...
Más muy pronto, la bonanza,
dará fin a la tragedia,
y un suspiro y una Salve
dejarán en La Barquera.
Una Salve con un canto,
ese rezo y esa muestra
que allí entonan los marinos
con la Salve marinera.
...Canta el mar y canta el viento,
hay un canto a las estrellas,
es el canto de los mares
de sus olas y leyendas...
Rafael Sánchez Ortega ©
09/11/09

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