jueves, 15 de octubre de 2009

CUANDO EL AMOR SE MUERE

Cuando el amor se muere y se confunde
y se marcha hacia el mar por las cloacas
entonces por los muelles aparecen
cadáveres de muertos y de ratas.

Hay viejos corazones que palpitan
en rudos corazones que no sangran,
la lava acalorada que tuvieran
ahora se ha perdido en la distancia.

Los lodos del infierno están servidos,
la lluvia y el azufre calentada,
un hombre con dolor así los mira
sintiendo como arden sus entrañas.

El viejo corazón, mal remendado,
cansado de luchar en mil batallas,
un sístole y un diástole soporta
gritando con el fuego que lo abrasa.

Entonces los recuerdos aparecen,
llegando como llegan las pirañas,
oliendo a carne muerta y a la sangre,
en busca del placer y la venganza.

Y el viejo corazón pide silencio,
él busca terminar con este drama,
las manos de aquel hombre, tan nerviosas,
la soga ponen ya en su garganta.

Se sube muy despacio al taburete,
sabiendo que su vida ya se acaba,
él tiene que partir a los infiernos,
dejando sus suspiros en la rama.

Sin besos ni saludos se despide,
tan sólo con un salto ya se marcha,
y llegan los segundos tan temidos
y el viejo corazón allí se apaga.

Has muerto por amor, oh fiel amante,
suicida te dirá, quien no te amara,
mas yo que comprendí cuanto sufriste
deseo que descanses junto al alba.

Un día encontrarás junto a tu tumba
la rosa más bonita y más preciada,
la rosa con sus pétalos de seda,
la misma que tú un día regalaras.

¡Ay viejo corazón, duerme en silencio!,
no importa que tu amaras, ya descansa,
no importan esas lágrimas vertidas
por causa del amor que tú buscaras.

Ahora tú descansas en un lecho,
con tierra que te cubre y que te tapa,
no importa lo que pase por el mundo,
tu vida con tu amor, ya no son nada.

Rafael Sánchez Ortega ©
15/10/09

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