viernes, 24 de julio de 2009

UN CONCIERTO



Un concierto de músicos jóvenes,
mil sonidos que salen al aire,
son las notas quizás arrancadas,
con pasión, con paciencia y con arte.

Yo no voy a contar los secretos
de aquel acto surgido en la tarde,
ni tampoco hablaré de sus piezas,
ni de autores tal vez inmortales.

Hablaré de los labios que cantan,
de los dedos que pulsan y tañen,
de las cuerdas que lanzan sonidos
arrancando suspiros que salen.

Y esa música llega y transporta
nos eleva por cielos y mares,
hace vivos los sueños dorados
y hasta invita a los hombres a amarse.

Hablaré de cometas sin rumbo
con su estela de blanco plumaje,
y esos guiños que arriba titilan,
los luceros que velan los ángeles.

Una música llega y embriaga,
con su voz y sonido tan suave,
es el eco que lanzan los dioses
a los hombres que nacen iguales.

Te estremece la música ciega
la que escriben los dioses y tañen,
la que pulsan los dedos divinos
la que sale de bocas amables.

Un suspiro se escapa del alma
y no sabes muy bien lo que haces,
te emociona la música bella
con sus notas que son singulares.

Una voz te transporta a otro cielo,
unos dedos recorren tu talle,
un crescendo de lava te inunda
hay pasión y volcanes que nacen.

Pero pienso que estamos muy lejos
y a la vez, es tan cerca el detalle,
que los ángeles pulsan y lloran
acercando también los lugares.

Ahora siento el latir de tu pecho,
entre voces y música suave,
y a tu lecho me acerco temblando
para darte ese beso del baile.

Hay campanas que tocan silencio,
yo les digo que no, que se callen,
que me dejen la voz y la música
y con ella dormirme y amarte.

Rafael Sánchez Ortega ©
24/07/09

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