Era un parque plagado de palmeras
una fuente preciosa y cantarina,
unos niños jugando por el prado,
una linda figura menudita.
Yo miré sus ojitos seductores
contemplando el temblor de su pupila,
mientras ella miraba silenciosa
más allá del nordeste y de la brisa.
Su figura tan bella me llamaba
y su sombra alargada me seguía,
con sus ojos castaños y menudos
y su eterna silueta femenina.
Yo escuchaba el cantar de los gorriones
con su loca y chiflada melodía,
era un canto en la tarde del verano,
un mensaje de voces cantarinas.
Más la tarde pasaba lentamente
y cruzaban volando, golondrinas,
a los viejos castaños centenarios,
que resisten al tiempo y la polilla.
Yo te vi tan nerviosa y asustada
con un ramo de flores tan bonitas,
donde rosas, gladiolos y jazmines,
conformaban la estampa y fantasía.
Una estampa en el parque mencionado,
unos troncos que suben las ardillas,
con un banco labrado de madera,
que es testigo de besos y caricias.
Por el cielo unas nubes se pasean,
van buscando a las almas que suspiran,
las que tienen el pecho desbocado,
las que curan al sol tantas heridas.
Y en el parque plagado de palmeras
una música suave se desliza,
un sonido arrancado por la mano,
y unos dedos que pulsan una lira.
Yo sentía un candor desconocido,
un rubor que encendía mis mejillas,
y mi sangre vibraba acelerada
con un grito ardoroso que emitía.
Y me dije que sí, que no era un sueño,
esa estampa tan linda y tan precisa,
abrazando aquel parque jubiloso,
por la vida y amor que contenía.
Rafael Sánchez Ortega ©
11/07/09
una fuente preciosa y cantarina,
unos niños jugando por el prado,
una linda figura menudita.
Yo miré sus ojitos seductores
contemplando el temblor de su pupila,
mientras ella miraba silenciosa
más allá del nordeste y de la brisa.
Su figura tan bella me llamaba
y su sombra alargada me seguía,
con sus ojos castaños y menudos
y su eterna silueta femenina.
Yo escuchaba el cantar de los gorriones
con su loca y chiflada melodía,
era un canto en la tarde del verano,
un mensaje de voces cantarinas.
Más la tarde pasaba lentamente
y cruzaban volando, golondrinas,
a los viejos castaños centenarios,
que resisten al tiempo y la polilla.
Yo te vi tan nerviosa y asustada
con un ramo de flores tan bonitas,
donde rosas, gladiolos y jazmines,
conformaban la estampa y fantasía.
Una estampa en el parque mencionado,
unos troncos que suben las ardillas,
con un banco labrado de madera,
que es testigo de besos y caricias.
Por el cielo unas nubes se pasean,
van buscando a las almas que suspiran,
las que tienen el pecho desbocado,
las que curan al sol tantas heridas.
Y en el parque plagado de palmeras
una música suave se desliza,
un sonido arrancado por la mano,
y unos dedos que pulsan una lira.
Yo sentía un candor desconocido,
un rubor que encendía mis mejillas,
y mi sangre vibraba acelerada
con un grito ardoroso que emitía.
Y me dije que sí, que no era un sueño,
esa estampa tan linda y tan precisa,
abrazando aquel parque jubiloso,
por la vida y amor que contenía.
Rafael Sánchez Ortega ©
11/07/09

No hay comentarios:
Publicar un comentario