sábado, 11 de julio de 2009

ERA UN PARQUE...

Era un parque plagado de palmeras
una fuente preciosa y cantarina,
unos niños jugando por el prado,
una linda figura menudita.

Yo miré sus ojitos seductores
contemplando el temblor de su pupila,
mientras ella miraba silenciosa
más allá del nordeste y de la brisa.

Su figura tan bella me llamaba
y su sombra alargada me seguía,
con sus ojos castaños y menudos
y su eterna silueta femenina.

Yo escuchaba el cantar de los gorriones
con su loca y chiflada melodía,
era un canto en la tarde del verano,
un mensaje de voces cantarinas.

Más la tarde pasaba lentamente
y cruzaban volando, golondrinas,
a los viejos castaños centenarios,
que resisten al tiempo y la polilla.

Yo te vi tan nerviosa y asustada
con un ramo de flores tan bonitas,
donde rosas, gladiolos y jazmines,
conformaban la estampa y fantasía.

Una estampa en el parque mencionado,
unos troncos que suben las ardillas,
con un banco labrado de madera,
que es testigo de besos y caricias.

Por el cielo unas nubes se pasean,
van buscando a las almas que suspiran,
las que tienen el pecho desbocado,
las que curan al sol tantas heridas.

Y en el parque plagado de palmeras
una música suave se desliza,
un sonido arrancado por la mano,
y unos dedos que pulsan una lira.

Yo sentía un candor desconocido,
un rubor que encendía mis mejillas,
y mi sangre vibraba acelerada
con un grito ardoroso que emitía.

Y me dije que sí, que no era un sueño,
esa estampa tan linda y tan precisa,
abrazando aquel parque jubiloso,
por la vida y amor que contenía.

Rafael Sánchez Ortega ©
11/07/09

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