Contador de palabras
con sus sílabas muertas,
contador de ilusiones
que paciente nos dejas.
Yo sé bien de tu vida,
de tu amarga cosecha,
de ese duro camino
y la lágrima eterna.
Yo he tenido tu canto
tu palabra serena,
ese brillo divino
que tus ojos desvelan.
Y sentí que tus versos
eran ya mi poema,
eran polvo en mi carne
y eran sangre en mis venas.
Contador de palabras
no me pidas que vuelva,
yo no quiero hacer eso
solo ser yo quien era.
Aquel niño pequeño,
aquel mozo de escuela,
que jugaba en la playa
con las olas y arena.
Aquel joven muchacho
que bailaba en aldeas,
pasodobles y valses
en la vieja bolera.
Aquel hombre maduro
que temblando despierta,
y que reza una Salve
a la Virgen Barquera.
Contador de palabras,
déjame con la estrella,
la que en alto reluce
la que tierna me vela.
Déjame con mis sueños,
no hacen daño, de veras,
sólo son fantasías,
que yo plasmo en las letras.
Déjame que yo escriba
sin patrón y sin regla,
sin medida ninguna
lo que presto me llega.
Sólo son unos versos,
unas letras sinceras,
un suspiro de niño
que este hombre recuerda.
Contador de palabras
no me abrume tu fuerza,
sólo quiero ser libre
y escribir lo que quiera.
Escribir en los cielos
tras la nube violeta,
que saluda en la tarde
cuando el sol ya se aleja.
Escribir a los campos
tras el trigo en la era,
y a los bellos maizales
escribir en sus hebras.
Escribir sin palabras
a los ojos que tiemblan,
a ese pecho dormido
que susurra y que sueña.
Contador de palabras
no me dejes a ciegas,
dame pronto tu antorcha
quiero amar las sirenas.
Quiero amar a los hombres
y soñar con princesas,
y escalar sus castillos
y ganar mil peleas.
Quiero ser ese niño,
el que escribe en libreta,
el que aprende soñando
que el amor es belleza.
Quiero ser este hombre
sin doblez ni reservas,
quien te mire a los ojos
y al mirarte, te quiera.
Contador de palabras,
cuéntalas y no temas,
no me guardo ninguna,
te las doy y las besas.
Rafael Sánchez Ortega ©
23/07/09
con sus sílabas muertas,
contador de ilusiones
que paciente nos dejas.
Yo sé bien de tu vida,
de tu amarga cosecha,
de ese duro camino
y la lágrima eterna.
Yo he tenido tu canto
tu palabra serena,
ese brillo divino
que tus ojos desvelan.
Y sentí que tus versos
eran ya mi poema,
eran polvo en mi carne
y eran sangre en mis venas.
Contador de palabras
no me pidas que vuelva,
yo no quiero hacer eso
solo ser yo quien era.
Aquel niño pequeño,
aquel mozo de escuela,
que jugaba en la playa
con las olas y arena.
Aquel joven muchacho
que bailaba en aldeas,
pasodobles y valses
en la vieja bolera.
Aquel hombre maduro
que temblando despierta,
y que reza una Salve
a la Virgen Barquera.
Contador de palabras,
déjame con la estrella,
la que en alto reluce
la que tierna me vela.
Déjame con mis sueños,
no hacen daño, de veras,
sólo son fantasías,
que yo plasmo en las letras.
Déjame que yo escriba
sin patrón y sin regla,
sin medida ninguna
lo que presto me llega.
Sólo son unos versos,
unas letras sinceras,
un suspiro de niño
que este hombre recuerda.
Contador de palabras
no me abrume tu fuerza,
sólo quiero ser libre
y escribir lo que quiera.
Escribir en los cielos
tras la nube violeta,
que saluda en la tarde
cuando el sol ya se aleja.
Escribir a los campos
tras el trigo en la era,
y a los bellos maizales
escribir en sus hebras.
Escribir sin palabras
a los ojos que tiemblan,
a ese pecho dormido
que susurra y que sueña.
Contador de palabras
no me dejes a ciegas,
dame pronto tu antorcha
quiero amar las sirenas.
Quiero amar a los hombres
y soñar con princesas,
y escalar sus castillos
y ganar mil peleas.
Quiero ser ese niño,
el que escribe en libreta,
el que aprende soñando
que el amor es belleza.
Quiero ser este hombre
sin doblez ni reservas,
quien te mire a los ojos
y al mirarte, te quiera.
Contador de palabras,
cuéntalas y no temas,
no me guardo ninguna,
te las doy y las besas.
Rafael Sánchez Ortega ©
23/07/09

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