
Yo le robo tiempo al tiempo
cada día, cada hora,
y rescato esos minutos
de las noches y las sombras.
Cuando cantan con el alba
tantas aves y gaviotas
ya las miro con descaro
en su vuelo, encantadoras.
Yo me embriago en el silencio
entre nardos y amapolas,
entre lirios y claveles
con el fondo de las rosas.
Y así robo tiempo al tiempo,
entre cantos y entre odas,
mientras sueño, mientras vivo,
con la luz tan cegadora.
Amanece un nuevo día
y despiertan las personas,
van deprisa a su trabajo,
van vestidos con su ropa.
Hace frío y yo lo siento,
llueve afuera y caen las gotas,
de la lluvia del invierno,
de las nubes tan lloronas.
Yo contemplo todo esto,
miro ausente a las palomas,
que se posan en el parque
en las ramas ya sin hojas.
Es el tiempo detenido,
es la vida que me roza,
yo la sigo paso a paso,
con su eterna paradoja.
Ya se mueven los tranvías,
por las calles perezosas,
que despiertan de la noche
con la lluvia que las moja.
Van buscando pasajeros
estudiantes y matronas,
funcionarios de servicio
con sonrisa contagiosa.
En el muelle las traineras
enmudecen de su boga,
esperando los marinos
que las lleven a las olas.
Que las saquen a los mares
entre rezos y entre bromas,
a pescar el pez ansiado
y venderlo luego en Lonja.
Yo le robo tiempo al tiempo,
soy consciente, a mucha honra,
y por eso me permito
estas letras y estas notas.
Estas letras que son versos,
este tiempo sin limosna,
que recojo y que yo bebo
de la vida que me dona.
Y por eso robo al tiempo,
con mirada seductora,
y le digo en un susurro:
¡No te vayas de mi alcoba!.
¡No te vayas viejo amigo
que mis manos ya te roban,
ven conmigo, entre mis sueños,
ven conmigo entre mis coplas!
Rafael Sánchez Ortega ©
24/06/09
cada día, cada hora,
y rescato esos minutos
de las noches y las sombras.
Cuando cantan con el alba
tantas aves y gaviotas
ya las miro con descaro
en su vuelo, encantadoras.
Yo me embriago en el silencio
entre nardos y amapolas,
entre lirios y claveles
con el fondo de las rosas.
Y así robo tiempo al tiempo,
entre cantos y entre odas,
mientras sueño, mientras vivo,
con la luz tan cegadora.
Amanece un nuevo día
y despiertan las personas,
van deprisa a su trabajo,
van vestidos con su ropa.
Hace frío y yo lo siento,
llueve afuera y caen las gotas,
de la lluvia del invierno,
de las nubes tan lloronas.
Yo contemplo todo esto,
miro ausente a las palomas,
que se posan en el parque
en las ramas ya sin hojas.
Es el tiempo detenido,
es la vida que me roza,
yo la sigo paso a paso,
con su eterna paradoja.
Ya se mueven los tranvías,
por las calles perezosas,
que despiertan de la noche
con la lluvia que las moja.
Van buscando pasajeros
estudiantes y matronas,
funcionarios de servicio
con sonrisa contagiosa.
En el muelle las traineras
enmudecen de su boga,
esperando los marinos
que las lleven a las olas.
Que las saquen a los mares
entre rezos y entre bromas,
a pescar el pez ansiado
y venderlo luego en Lonja.
Yo le robo tiempo al tiempo,
soy consciente, a mucha honra,
y por eso me permito
estas letras y estas notas.
Estas letras que son versos,
este tiempo sin limosna,
que recojo y que yo bebo
de la vida que me dona.
Y por eso robo al tiempo,
con mirada seductora,
y le digo en un susurro:
¡No te vayas de mi alcoba!.
¡No te vayas viejo amigo
que mis manos ya te roban,
ven conmigo, entre mis sueños,
ven conmigo entre mis coplas!
Rafael Sánchez Ortega ©
24/06/09

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