
Deseamos sentir una plegaria,
ese rezo sutil tan fervoroso,
ese rosario tierno de la infancia,
venir aquí, pidiendo por nosotros.
Pero el silencio, mudo, es el testigo,
es el vacío inmenso, que no espera,
es esa bella página de un libro,
que, paciente, desea que la lean.
Sin embargo pasa el tiempo; el silencio,
se queda compañero de las sombras.
Se vé luz en el alma, es un destello,
el de ese faro fiel que está en la costa.
Busquemos nuestros rezos infantiles,
y hagamos, como ayer, un hoy más firme.
Rafael Sánchez Ortega ©
24/06/09
ese rezo sutil tan fervoroso,
ese rosario tierno de la infancia,
venir aquí, pidiendo por nosotros.
Pero el silencio, mudo, es el testigo,
es el vacío inmenso, que no espera,
es esa bella página de un libro,
que, paciente, desea que la lean.
Sin embargo pasa el tiempo; el silencio,
se queda compañero de las sombras.
Se vé luz en el alma, es un destello,
el de ese faro fiel que está en la costa.
Busquemos nuestros rezos infantiles,
y hagamos, como ayer, un hoy más firme.
Rafael Sánchez Ortega ©
24/06/09

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