sábado, 6 de junio de 2009

UN LECTOR DE PALABRAS


Un lector de palabras sin sentido,
eso fue mi comienzo de la vida,
leía de los labios de mis padres
las frases tan sonoras y bonitas.

Recuerdo aquellos años de la infancia,
las letras que traían las cartillas
mezcladas con dibujos de colores
tratando que animaran mi pupila.

La lengua musitaba en el silencio
la mezcla de ilusiones que existían,
los sueños que llegaban a la mente
robando de la boca una sonrisa.

Labraba este lector la dura tierra,
con alma primorosa que tenía,
las letras eran notas de aquel arpa
y música agradable y muy sencilla.

De pronto, con el paso de los años,
las letras ordenadas le nacían,
dejaban en su lado tantos viajes,
con cuentos y ficciones renacidas.

Entonces comprendió que en esas letras,
un mundo diferente se escondía,
un mundo de ilusiones y de sueños,
un mundo sin palabras adivinas.

El mundo de la eterna primavera,
el mundo de la tierna poesía,
el mundo con la risa y con el llanto,
el mundo de la mar y de la brisa.

Quizás en ese mundo aparecieron
los brotes del amor, con las semillas,
aquellas que labraron los mayores,
quitando de los campos las ortigas.

...Han pasado los años, eso es cierto,
ahora leo paciente en otra orilla,
este libro quizás maravilloso
en un río con aguas cristalinas.

Un lector de palabras sin sentido,
comenzó a escribir sus fantasías
en las letras y versos del poema
que llevó con paciencia a la cuartilla.

Rafael Sánchez Ortega ©
06/06/09

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