viernes, 5 de junio de 2009

POR AQUELLAS MONTAÑAS TAN NEVADAS...


Por aquellas montañas tan nevadas,
marchaban los suspiros hacia el cielo,
buscaban más allá del infinito
el canto de otros labios con un beso.

¡Cuántos cantos quedaron olvidados,
de momentos precisos y concretos!
¡Cuántas notas pulsadas de las almas
retornaban, vivientes, con el eco!

Son latidos quizás apresurados,
son jirones que dejan los recuerdos,
son los pechos de jóvenes amantes
que aún desean vivir aquellos sueños.

Yo contemplo ese cuadro misterioso,
el que Dios nos pintó con suaves dedos,
entregando a este mundo su cariño
y a los hombres su magia y embeleso.

Sopla el viento rabioso del nordeste,
las chalupas ya bailan en el puerto,
y unas olas que llegan perezosas
en la arena derraman sus cabellos.

Su blancura compite con la nieve,
es la mar y montañas que yo veo,
las que dejan en mí mil sensaciones,
y que ponga las mismas en mis versos.

Sólo soy un viajero de la vida
el que admira este cuadro en el silencio,
las montañas tan blancas y lejanas
y este mar verde azul como un lucero.

Bajo el manto sutil de las montañas
unas minas esconden sus secretos,
esperando la mano de los hombres
que los lleve y los cambie por dinero.

Bajo el mar tan violento de mis costas
unos peces habitan en su lecho,
esperando ese pulso del marino
que los pesque y los lleve hasta su cesto.

Es la vida del mar y la montaña,
es el soplo que lleva hacia lo eterno,
son figuras que llegan a la mente
desde el cuadro que veo en el cuaderno.

Por aquellas montañas tan nevadas
marchaban sentimientos muy diversos,
los unos atendían a razones
los otros, simplemente, a lo que anhelo.

Rafael Sánchez Ortega ©
05/06/09

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