
A ti te escribo mar, a ti te escribo.
Desde la noche oscura de mis sueños,
donde las fuerzas misteriosas de este alma
se revuelven y se agitan.
Desde la costa agreste que golpean,
con ese rítmo frenético, tus olas
que en ciclos de desorden aquí claman,
y te gritan, pidiendo paz, pidiendo amor
y un poco de clemencia.
Desde la playa solitaria
que amanece al nuevo día,
en ese lecho abandonado y fértil
donde llega la ola
para dormir el sueño eterno,
tras mecerse dulcemente,
después de navegar por los océanos.
A ti te escribo mar, a ti te escribo.
Y te pido en estas líneas que me leas
y que llegues hasta el fondo de mi alma,
para usar el bisturí de la paciencia
y arrancar de mis entrañas
tantos miedos y tormentas,
tantos sueños imposibles,
tantos llantos retenidos,
tanta lágrima traidora, derramada,
que aquí yace limpia y clara,
tras nacer en las pupilas invisibles
de mi pecho.
Y te pido en esta hora por aquellos a quien amo,
por lo seres inocentes que he pisado
sin querer y darme cuenta,
en este caminar por los destinos de la vida,
con el paso gris y torpe de los hombres,
de los seres que han nacido sobre el agua,
de las gentes que confunden a la mar,
sin darse cuenta, que ese mar
es el origen y el principio de la vida,
de su vida y lo que existe.
A ti te escribo mar, a ti te escribo.
Y yo quiero que me leas lentamente
con la furia de tus aguas en invierno,
cuando azota el temporal y la galerna;
con la calma del verano y la bonanza,
cuando vuelan las gaviotas tras tus olas;
con el yodo y el salitre de las aguas,
que es la sangre de tus mares
y es la vida de tu vida
y es la sal que a todos llega.
Con paciencia yo te pido que me leas,
y que mires estas líneas
saboreando letra a letra su mensaje,
con tu ceño muy fruncido y pensativa,
mientras fumas tu cigarro en el silencio,
junto al viejo capitán de algún navío,
mientras tomas el café que te reanima,
entre boyas y aparejos,
mientras sientes los latidos y el rumor
que llevas dentro, que te nace,
que te grita, que susurra,
que te dice lo que siento,
lo que guardo sin palabras,
lo que oculto a tu mirada y a la mía
porque te amo más que a nada
y lo guardo, bien guardado,
en el silencio de mi pecho,
porque temo tu respuesta,
como un niño.
A ti te escribo mar, a ti te escribo.
Y lo hago en este día y a esta hora,
cuando sube la marea
y las olas se despiertan estirándose en la playa,
mientras miro como vienes, como llegas y te peinas,
como buscas a la brisa del nordeste,
en un acto irreflexivo e inconsciente,
olvidando lo que existe y me rodea,
acercándome a tus aguas
y a ese mar que tanto anhelo,
a ese mar con el que quiero confundirme
acariciarle y abrazarle,
disfrutando del placer de estar contigo
en la distancia
y donde quiero descansar eternamente,
A ti te escribo mar, a ti te escribo.
A pesar de tantas dudas a ti llego,
peregrino y caminante, en esta hora,
con el alma dolorida que te busca,
que te llama, que palpita con tus olas,
y suplica esta plegaria con en el rezo de la noche
mientras miro hacia la luna,
mientras lucho y me rebelo
y me digo que la vida ya no importa,
que yo quiero dormitar en la ribera
con tus aguas tan serenas,
y estrellarme en esa costa que tú azotas tan furiosa
y dormir en esa playa, con tus olas,
con su espuma, con tu aliento, con tus besos...
A ti te escribo mar, a ti te escribo...
Rafael Sánchez Ortega ©
09/006/09
Desde la noche oscura de mis sueños,
donde las fuerzas misteriosas de este alma
se revuelven y se agitan.
Desde la costa agreste que golpean,
con ese rítmo frenético, tus olas
que en ciclos de desorden aquí claman,
y te gritan, pidiendo paz, pidiendo amor
y un poco de clemencia.
Desde la playa solitaria
que amanece al nuevo día,
en ese lecho abandonado y fértil
donde llega la ola
para dormir el sueño eterno,
tras mecerse dulcemente,
después de navegar por los océanos.
A ti te escribo mar, a ti te escribo.
Y te pido en estas líneas que me leas
y que llegues hasta el fondo de mi alma,
para usar el bisturí de la paciencia
y arrancar de mis entrañas
tantos miedos y tormentas,
tantos sueños imposibles,
tantos llantos retenidos,
tanta lágrima traidora, derramada,
que aquí yace limpia y clara,
tras nacer en las pupilas invisibles
de mi pecho.
Y te pido en esta hora por aquellos a quien amo,
por lo seres inocentes que he pisado
sin querer y darme cuenta,
en este caminar por los destinos de la vida,
con el paso gris y torpe de los hombres,
de los seres que han nacido sobre el agua,
de las gentes que confunden a la mar,
sin darse cuenta, que ese mar
es el origen y el principio de la vida,
de su vida y lo que existe.
A ti te escribo mar, a ti te escribo.
Y yo quiero que me leas lentamente
con la furia de tus aguas en invierno,
cuando azota el temporal y la galerna;
con la calma del verano y la bonanza,
cuando vuelan las gaviotas tras tus olas;
con el yodo y el salitre de las aguas,
que es la sangre de tus mares
y es la vida de tu vida
y es la sal que a todos llega.
Con paciencia yo te pido que me leas,
y que mires estas líneas
saboreando letra a letra su mensaje,
con tu ceño muy fruncido y pensativa,
mientras fumas tu cigarro en el silencio,
junto al viejo capitán de algún navío,
mientras tomas el café que te reanima,
entre boyas y aparejos,
mientras sientes los latidos y el rumor
que llevas dentro, que te nace,
que te grita, que susurra,
que te dice lo que siento,
lo que guardo sin palabras,
lo que oculto a tu mirada y a la mía
porque te amo más que a nada
y lo guardo, bien guardado,
en el silencio de mi pecho,
porque temo tu respuesta,
como un niño.
A ti te escribo mar, a ti te escribo.
Y lo hago en este día y a esta hora,
cuando sube la marea
y las olas se despiertan estirándose en la playa,
mientras miro como vienes, como llegas y te peinas,
como buscas a la brisa del nordeste,
en un acto irreflexivo e inconsciente,
olvidando lo que existe y me rodea,
acercándome a tus aguas
y a ese mar que tanto anhelo,
a ese mar con el que quiero confundirme
acariciarle y abrazarle,
disfrutando del placer de estar contigo
en la distancia
y donde quiero descansar eternamente,
A ti te escribo mar, a ti te escribo.
A pesar de tantas dudas a ti llego,
peregrino y caminante, en esta hora,
con el alma dolorida que te busca,
que te llama, que palpita con tus olas,
y suplica esta plegaria con en el rezo de la noche
mientras miro hacia la luna,
mientras lucho y me rebelo
y me digo que la vida ya no importa,
que yo quiero dormitar en la ribera
con tus aguas tan serenas,
y estrellarme en esa costa que tú azotas tan furiosa
y dormir en esa playa, con tus olas,
con su espuma, con tu aliento, con tus besos...
A ti te escribo mar, a ti te escribo...
Rafael Sánchez Ortega ©
09/006/09

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