
Amanece de pronto un nuevo día
tras la noche de vientos y borrasca,
unos rayos de sol aquí nos llegan
a besar a la mar que ya está en calma.
Fue una lucha cruel entre los cielos,
con las nubes librando la batalla,
y al final, derrotadas y deshechas
se retiran, ahora, con el alba.
Una nota se escucha en el silencio,
es la nota pulsada de aquel arpa,
la del niño surgido del milagro
con sus alas tan bellas replegadas.
Son los dedos que dejan la armonía
a la vida, que nace alborozada,
tras la lucha sufrida en esta noche
sobre el cielo y las sombras que se marchan.
Hay un halo de frío y de cariño,
que me llega en la nota tan helada,
hay en ella ese beso y la caricia,
esa sangre caliente que reclama.
Yo no entiendo de guerras y de dioses,
ni comprendo esas reglas y campañas,
esos gritos que surgen de los cielos
y el estruendo nacido de las armas.
Es el viento, me dices susurrando,
con la nube guerrera y con el agua,
es la lluvia que lleva nuestros sueños,
a la tierra impaciente que la llama.
Fue muy dura la lucha sostenida
y en el suelo aparecen muchas ramas,
abatidas de árboles sin nombre
entre tejas y astillas de ventanas.
Ahora llega de pronto el nuevo día
y con él ese rayo de esperanza,
el que deja este sol que aquí amanece
soñoliento y con cara sonrojada.
No sé bien quien ganó con esta lucha,
en la noche bravía ya pasada,
sólo sé que temblaron las estrellas
y lloraron con lágrimas amargas.
Rafael Sánchez Ortega ©
12/06/09
tras la noche de vientos y borrasca,
unos rayos de sol aquí nos llegan
a besar a la mar que ya está en calma.
Fue una lucha cruel entre los cielos,
con las nubes librando la batalla,
y al final, derrotadas y deshechas
se retiran, ahora, con el alba.
Una nota se escucha en el silencio,
es la nota pulsada de aquel arpa,
la del niño surgido del milagro
con sus alas tan bellas replegadas.
Son los dedos que dejan la armonía
a la vida, que nace alborozada,
tras la lucha sufrida en esta noche
sobre el cielo y las sombras que se marchan.
Hay un halo de frío y de cariño,
que me llega en la nota tan helada,
hay en ella ese beso y la caricia,
esa sangre caliente que reclama.
Yo no entiendo de guerras y de dioses,
ni comprendo esas reglas y campañas,
esos gritos que surgen de los cielos
y el estruendo nacido de las armas.
Es el viento, me dices susurrando,
con la nube guerrera y con el agua,
es la lluvia que lleva nuestros sueños,
a la tierra impaciente que la llama.
Fue muy dura la lucha sostenida
y en el suelo aparecen muchas ramas,
abatidas de árboles sin nombre
entre tejas y astillas de ventanas.
Ahora llega de pronto el nuevo día
y con él ese rayo de esperanza,
el que deja este sol que aquí amanece
soñoliento y con cara sonrojada.
No sé bien quien ganó con esta lucha,
en la noche bravía ya pasada,
sólo sé que temblaron las estrellas
y lloraron con lágrimas amargas.
Rafael Sánchez Ortega ©
12/06/09

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