Desde el sueño, el poeta va hasta el cielo,
a buscar los molinos y gigantes,
esos seres surgidos de la nada
y que habitan regiones infernales.
Fueron seres llevados al cuaderno
a través del Quijote de Cervantes,
en la Mancha trazaron su destino
y partieron a rumbos siderales.
Yo no sé donde está la Dulcinea,
la princesa soñada entre diamantes,
esa linda y paciente criatura
que soñó el Caballero tantas tardes.
Son retazos y letras de poemas,
como versos dejados en retales,
es la bruma que oculta tantos sueños,
entre libros, tabernas y carruajes.
Don Quijote pelea con sus sueños,
y en La Macha la tierra está que arde,
es verano y resecos los caminos,
polvorientos, se estiran sin su sangre.
Ya se marchan ovejas y merinas,
a buscar las Cañadas tan reales,
esas sendas trazadas desde antiguo
con leyendas y versos de juglares.
Ya palpita la tierra nuevamente,
y su voz sale en grito hacia los aires,
es un suave susurro, es un lamento,
recogida con pluma de las aves.
Nuestro hombre camina a paso lento
a los lomos del viejo Rocinante,
y la fiebre caliente de sus sueños,
se confunde entre sendas y trigales.
Desde el sueño que lleva a la locura
el Quijote se pierde en los maizales,
en pantanos y arenas movedizas,
en infiernos de celos con altares.
Ya descansan los sueños en la tierra
y el poeta se duerme en los hogares,
en el lecho de rosas y laureles,
donde quedan sus letras inmortales.
Rafael Sánchez Ortega ©
02/05/09
a buscar los molinos y gigantes,
esos seres surgidos de la nada
y que habitan regiones infernales.
Fueron seres llevados al cuaderno
a través del Quijote de Cervantes,
en la Mancha trazaron su destino
y partieron a rumbos siderales.
Yo no sé donde está la Dulcinea,
la princesa soñada entre diamantes,
esa linda y paciente criatura
que soñó el Caballero tantas tardes.
Son retazos y letras de poemas,
como versos dejados en retales,
es la bruma que oculta tantos sueños,
entre libros, tabernas y carruajes.
Don Quijote pelea con sus sueños,
y en La Macha la tierra está que arde,
es verano y resecos los caminos,
polvorientos, se estiran sin su sangre.
Ya se marchan ovejas y merinas,
a buscar las Cañadas tan reales,
esas sendas trazadas desde antiguo
con leyendas y versos de juglares.
Ya palpita la tierra nuevamente,
y su voz sale en grito hacia los aires,
es un suave susurro, es un lamento,
recogida con pluma de las aves.
Nuestro hombre camina a paso lento
a los lomos del viejo Rocinante,
y la fiebre caliente de sus sueños,
se confunde entre sendas y trigales.
Desde el sueño que lleva a la locura
el Quijote se pierde en los maizales,
en pantanos y arenas movedizas,
en infiernos de celos con altares.
Ya descansan los sueños en la tierra
y el poeta se duerme en los hogares,
en el lecho de rosas y laureles,
donde quedan sus letras inmortales.
Rafael Sánchez Ortega ©
02/05/09

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