miércoles, 22 de abril de 2009

SEMBRADOR DE ILUSIONES


El hombre, soñador y campesino,
-sembrador de ilusiones le llamaban-,
y su campo era estéril y los cuervos
comían las semillas de su azada.

El sembraba amapolas en la tierra,
esperando la lluvia que llegara,
más la envidia y el odio si venían,
con la sangre caliente derramada.

Al notar esa sangre por la tierra,
nuestro hombre valiente se angustiaba,
no quería más odios y rencillas
sino ver a la tierra cultivada.

El quería una tierra sin fronteras,
de ilusiones y sueños bien regada,
que creciera pacientes con el trigo
y dejara en el hombre la esperanza.

Sembrador de ilusiones, le decían,
los amigos burlándose en su cara,
pero él cultivaba con esmero,
a pesar de los cuervos y las grajas.

Una voz desde el cielo le decía,
que siguiera sembrando y, le animaba,
a plantar esas lindas amapolas
a pesar de los celos y batallas.

El sudor le empaba su camisa
y su frente de gotas se perlaba,
más seguía cavando entre la gleba
y sembrando ilusiones desde el alba.

El dejaba en la tierra sus escritos,
en los surcos dejados con prestanza,
eran versos surgidos de su pecho,
y poemas nacidos en el alma.

Un suspiro le llega de los cielos;
"sembrador, sigue fiel con tu labranza,
a pesar de los cuervos que te roben
siempre habrá quien detenga sus pisadas,

para ver a las bellas amapolas
resurgir de la tierra calcinada,
y tomar esas flores tan sensibles
que darán con amor, a quien les ama".

Rafael Sánchez Ortega ©
22/04/09





3 comentarios:

amy dijo...

Como una secuencia de película, se me vienen imágenes a la mente, quién pudiera adentrarse en el corazón de un hombre sincero...

un beso Rafael

amy dijo...

Quién pudiera...


[no hagas mucho caso hoy de mis respuestas, estoy un poco perdida en mis laberintos]

Rafael dijo...

Es fácil Amy, lo que ocurre que hay que encontrar primero, a "ese hombre sincero".
Un abrazo y que te recuperes. Te lo deseo de todo corazón.