
Mi diario de páginas prohibidas
es cuaderno de rayas seductoras
allí dejo mis letras una a una
mientras busco las puertas de tu alcoba.
Hay estancias secretas esperando
hay rincones perdidos en las sombras
deseando la luz de las estrellas
que se cuelen de noche a todas horas.
Mi cuaderno es un viejo pentagrama
donde yacen dormidas tantas notas,
tantos sones llegados al oído
de la voz que reclama mi persona.
Yo te busco a lo largo del camino,
entre versos dormidos con las rosas,
que una noche dejaste en mi ventana
en el pico fugaz de la paloma.
Y el cuaderno durmió con esos versos,
esas letras sutiles que se alojan,
en las hojas que aguardan tu presencia,
y ese beso tan dulce de tu boca.
El cuaderno es la cárcel de mi alma,
donde escondo las lágrimas traidoras,
con fragmentos de tiempo rescatados,
de mis manos quitándote tu ropa.
Hay suspiros guardados con premura
en las letras nacidas que se mojan,
y los versos que forman mis latidos
es la parte del mundo que me toca.
Mi cuaderno te llama, vida mía,
en un grito que sale de sus hojas,,
son latidos surgidos de mi pecho,
impacientes, que nacen y galopan.
Mi diario de páginas prohibidas,
está aquí, en tu alma que me acosa,
y tú tienes la llave de esa puerta,
con la luz y la gracia en tu persona.
Mi cuaderno y diario, finalmente,
te dirán en silencio muchas cosas,
con los versos que suplen las palabras,
y el amor retenido, que desbordan.
Rafael Sánchez Ortega ©
21/04/09
es cuaderno de rayas seductoras
allí dejo mis letras una a una
mientras busco las puertas de tu alcoba.
Hay estancias secretas esperando
hay rincones perdidos en las sombras
deseando la luz de las estrellas
que se cuelen de noche a todas horas.
Mi cuaderno es un viejo pentagrama
donde yacen dormidas tantas notas,
tantos sones llegados al oído
de la voz que reclama mi persona.
Yo te busco a lo largo del camino,
entre versos dormidos con las rosas,
que una noche dejaste en mi ventana
en el pico fugaz de la paloma.
Y el cuaderno durmió con esos versos,
esas letras sutiles que se alojan,
en las hojas que aguardan tu presencia,
y ese beso tan dulce de tu boca.
El cuaderno es la cárcel de mi alma,
donde escondo las lágrimas traidoras,
con fragmentos de tiempo rescatados,
de mis manos quitándote tu ropa.
Hay suspiros guardados con premura
en las letras nacidas que se mojan,
y los versos que forman mis latidos
es la parte del mundo que me toca.
Mi cuaderno te llama, vida mía,
en un grito que sale de sus hojas,,
son latidos surgidos de mi pecho,
impacientes, que nacen y galopan.
Mi diario de páginas prohibidas,
está aquí, en tu alma que me acosa,
y tú tienes la llave de esa puerta,
con la luz y la gracia en tu persona.
Mi cuaderno y diario, finalmente,
te dirán en silencio muchas cosas,
con los versos que suplen las palabras,
y el amor retenido, que desbordan.
Rafael Sánchez Ortega ©
21/04/09

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