martes, 24 de marzo de 2009

VOY A SEGUIR ANDANDO POR LA VIDA


Voy a seguir andando por la vida
para llevar mis pasos a la nada,
a ese rincón tan bello y primoroso
donde la luz despierta con el alba.

Y marcharé de nuevo renovado
dejando atrás recuerdos y fantasmas,
para poder llegar hasta la cumbre
gozando allí, de tanta nieve blanca.

Yo sé que que en este nuevo esfuerzo
pronunciará tu nombre mi garganta,
como ese eco que paciente vuelve
cuando un soldado pierde la batalla.

Pero esta vez no prestarè mi oído
ante ese grito que furioso clama,
el que quizás me pida le perdone
el que suplique que regrese a casa.

Nada que perdonar tengo en mi alforja
yo te dejé forjando una esperanza,
y fui feliz sabiendo que lo eras
en un cruce sin besos ni palabras.

Yo te miré partir y nada dije
aunque se ahogó mi voz con una lágrima,
y comprendí que es cosa del destino
esa labor que rompe y que separa.

Busqué mi salvación en las estrellas,
en ese sol que luce en las montañas,
y allí me fui, corriendo, presuroso,
para calmar la sed, en su agua clara.

Y descubrí los montes más ariscos,
con esas rocas que hoy están heladas,
y encontré también, hermosos paraisos,
en esa imagen, de las crestas altas.

Detuve allí el reloj, sólo un instante,
me enamoré de ti, montaña hermana,
que vistes hoy tus galas más lucidas
con ese manto que te cubre y llama.

Yo quiero descubrir esos misterios,
los que en tu seno y palpitar reclamas,
y quiero confundirme con la brisa
para besar las piedras de tu cara.

Quiero dormir allí, en tu costado,
en ese lecho que feliz me aguarda,
y quiero ser guardián de tus tesoros,
sólo por ti, montaña tan amada.

Rafael Sánchez Ortega ©
23/03/09

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