
Sonaban misteriosas las campanas
con aire de nostalgia en sus latidos,
rompían el silencio de la tarde
las notas escapadas sin permiso.
¿De dónde procedían esos sones
que bajan de montañas y de ríos?
¿Son notas escapadas de algún arpa
o el llanto desgarrado de algún crío?
Sonaban mientras tanto las campanas
por tierras de secano y sin olivos,
dejando entre la gleba su mensaje
que toman las cigarras y los mirlos.
Parece que se paran los relojes
y el tiempo se congela, detenido,
en busca de encontrar esa respuesta,
la clave del mensaje recibido.
Yo creo que si suenan las campanas
lo hacen con respeto y con cariño,
lo hacen por los hombres de esta tierra,
llevando hasta los mismo cierto aviso.
A veces puede ser una plegaria
que surga de la misa los domingos,
y en otras el aviso presuroso
clamando por la ayuda de un vecino.
Dejemos que desgranen las campanas
sus notas y llamadas con sigilo,
hagamos que se rompa la nostalgia
mirando más allá del infinito.
A veces hay sonidos en el alma
que vienen de lejanos paraísos,
y llegan de esos sueños que tenemos
mezclados con las rosas y los lirios.
No hagamos que se rompan esos sueños,
dejemos las campanas en su sitio,
en esos campanarios y ventanas,
cual viejas centinelas del castillo.
La vida se compone de promesas,
susurros con la brisa recibidos,
nosotros simplemente las tomamos
sintiendo su mensaje con cariño.
Por eso cuando suenan las campanas
se rompen en el pecho muchos vidrios,
se funden sentimientos encontrados
logrando que seamos como niños.
Rafael Sánchez Ortega ©
25/03/09
con aire de nostalgia en sus latidos,
rompían el silencio de la tarde
las notas escapadas sin permiso.
¿De dónde procedían esos sones
que bajan de montañas y de ríos?
¿Son notas escapadas de algún arpa
o el llanto desgarrado de algún crío?
Sonaban mientras tanto las campanas
por tierras de secano y sin olivos,
dejando entre la gleba su mensaje
que toman las cigarras y los mirlos.
Parece que se paran los relojes
y el tiempo se congela, detenido,
en busca de encontrar esa respuesta,
la clave del mensaje recibido.
Yo creo que si suenan las campanas
lo hacen con respeto y con cariño,
lo hacen por los hombres de esta tierra,
llevando hasta los mismo cierto aviso.
A veces puede ser una plegaria
que surga de la misa los domingos,
y en otras el aviso presuroso
clamando por la ayuda de un vecino.
Dejemos que desgranen las campanas
sus notas y llamadas con sigilo,
hagamos que se rompa la nostalgia
mirando más allá del infinito.
A veces hay sonidos en el alma
que vienen de lejanos paraísos,
y llegan de esos sueños que tenemos
mezclados con las rosas y los lirios.
No hagamos que se rompan esos sueños,
dejemos las campanas en su sitio,
en esos campanarios y ventanas,
cual viejas centinelas del castillo.
La vida se compone de promesas,
susurros con la brisa recibidos,
nosotros simplemente las tomamos
sintiendo su mensaje con cariño.
Por eso cuando suenan las campanas
se rompen en el pecho muchos vidrios,
se funden sentimientos encontrados
logrando que seamos como niños.
Rafael Sánchez Ortega ©
25/03/09

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