
Hoy la niebla confunde mis sentidos
y los llena de sombras y tinieblas,
es la nube que llega del recuerdo,
el dolor de ese hombre que no sueña.
Pero el niño que juega en esa playa,
el que lleva en su mano aquel cometa,
es el hombre que marcha por la vida
el que cae, y se alza a duras penas.
El Quijote quizás desesperado,
el que busca en La Mancha a Dulcinea,
confundiendo molinos por castillos
y a sus aspas cargando sin reservas.
Y aquel niño, quizás desesperado,
el que llora, se asusta y parpadea,
es el hombre marcado por la vida
el que mira de noche a las estrellas.
Hoy la niebla se estira perezosa
por el mar, por la ría y la ribera,
con el hombre buscando los recuerdos,
en las olas que deja la marea.
Y el nordeste que llega de los mares
estremece la piel de quien contempla
a ese niño que busca sus tesoros
a ese hombre temblando que se acuesta.
Y amanece con ojos legañosos,
su mirada buscando entre la niebla,
con la bruma y la brisa que le rozan
y que quieren ser hoy sus compañeras.
Pero el niño y el hombre se confunden,
nada hay en la niebla que les llega,
sólo leves latidos del pasado,
con un eco de voces que regresan.
Hoy la niebla se viste con sus galas,
esas gasas sutiles y coquetas,
con el leve y sutil escalofrío
que les deja en el alma la impaciencia.
Y regresan los negros nubarrones,
de momentos pasados y tormentas,
y también esas nubes más brillantes,
de los bailes gozados en verbenas.
Con la niebla no valen resquemores,
el pasado es pasado y ya no cuenta,
aunque viva latente en el recuerdo,
aunque, a veces, volvamos la cabeza.
Hoy yo busco la niebla en el presente,
con el niño y el hombre que despiertan,
y la busco en el día comenzado,
en la hora y la vida que regresan.
Pero busco en la niebla tu figura,
con la cara y sonrisa siempre frescas,
con suspiros nacidos en tus labios,
que recogen los míos, y te besan.
Rafael Sánchez Ortega ©
15/03/09
y los llena de sombras y tinieblas,
es la nube que llega del recuerdo,
el dolor de ese hombre que no sueña.
Pero el niño que juega en esa playa,
el que lleva en su mano aquel cometa,
es el hombre que marcha por la vida
el que cae, y se alza a duras penas.
El Quijote quizás desesperado,
el que busca en La Mancha a Dulcinea,
confundiendo molinos por castillos
y a sus aspas cargando sin reservas.
Y aquel niño, quizás desesperado,
el que llora, se asusta y parpadea,
es el hombre marcado por la vida
el que mira de noche a las estrellas.
Hoy la niebla se estira perezosa
por el mar, por la ría y la ribera,
con el hombre buscando los recuerdos,
en las olas que deja la marea.
Y el nordeste que llega de los mares
estremece la piel de quien contempla
a ese niño que busca sus tesoros
a ese hombre temblando que se acuesta.
Y amanece con ojos legañosos,
su mirada buscando entre la niebla,
con la bruma y la brisa que le rozan
y que quieren ser hoy sus compañeras.
Pero el niño y el hombre se confunden,
nada hay en la niebla que les llega,
sólo leves latidos del pasado,
con un eco de voces que regresan.
Hoy la niebla se viste con sus galas,
esas gasas sutiles y coquetas,
con el leve y sutil escalofrío
que les deja en el alma la impaciencia.
Y regresan los negros nubarrones,
de momentos pasados y tormentas,
y también esas nubes más brillantes,
de los bailes gozados en verbenas.
Con la niebla no valen resquemores,
el pasado es pasado y ya no cuenta,
aunque viva latente en el recuerdo,
aunque, a veces, volvamos la cabeza.
Hoy yo busco la niebla en el presente,
con el niño y el hombre que despiertan,
y la busco en el día comenzado,
en la hora y la vida que regresan.
Pero busco en la niebla tu figura,
con la cara y sonrisa siempre frescas,
con suspiros nacidos en tus labios,
que recogen los míos, y te besan.
Rafael Sánchez Ortega ©
15/03/09

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