
Desconozco si hueles a deseo
o a colonia y perfume de lavanda,
sólo sé que ventilan las estrellas,
a la noche y su luna plateada.
Hay olores que marcan diferencias,
y el amor se respira en cada cana,
pero hay otros ocultos y esperando
son los labios ardientes que reclaman.
Ellos piden el beso fervoroso,
ese cáliz surgido de la nada,
esos labios que van hasta su encuentro
a dejar un mensaje por tu cara.
Hay olores que huelen a limones
y también a esas fresas tan rosadas,
como huelen las hierbas y los campos
a esa tierra paciente, cultivada.
Yo te aspiro, mi amor, con esa tierra,
y me embriaga tu olor y tu fragancia,
y así sé que tu embotas mis sentidos,
y me voy tembloroso hasta tu cama.
A ese lecho paciente de mis sueños,
donde tú, con tu olor, allí me aguardas,
con el beso febril y presuroso
de esos labios ardientes que me aman.
Y me duermo, por fin, entre esa esencia,
ese olor a mil rosas perfumadas,
ese amor que penetra en mis sentidos,
y que cubre a este hombre con su capa.
Lo emborracha, lo aturde y lo confunde,
con su olor y pasión desenfrenadas,
es tu olor el que llega vida mía,
y me fundo, con él, entre las sábanas.
Desconozco si hueles a deseo,
y también a esa fruta tan ansiada,
sólo sé que tu olor aquí lo busco,
mientras baila la luna sobre el agua.
Rafael Sánchez Ortega ©
03/03/09
o a colonia y perfume de lavanda,
sólo sé que ventilan las estrellas,
a la noche y su luna plateada.
Hay olores que marcan diferencias,
y el amor se respira en cada cana,
pero hay otros ocultos y esperando
son los labios ardientes que reclaman.
Ellos piden el beso fervoroso,
ese cáliz surgido de la nada,
esos labios que van hasta su encuentro
a dejar un mensaje por tu cara.
Hay olores que huelen a limones
y también a esas fresas tan rosadas,
como huelen las hierbas y los campos
a esa tierra paciente, cultivada.
Yo te aspiro, mi amor, con esa tierra,
y me embriaga tu olor y tu fragancia,
y así sé que tu embotas mis sentidos,
y me voy tembloroso hasta tu cama.
A ese lecho paciente de mis sueños,
donde tú, con tu olor, allí me aguardas,
con el beso febril y presuroso
de esos labios ardientes que me aman.
Y me duermo, por fin, entre esa esencia,
ese olor a mil rosas perfumadas,
ese amor que penetra en mis sentidos,
y que cubre a este hombre con su capa.
Lo emborracha, lo aturde y lo confunde,
con su olor y pasión desenfrenadas,
es tu olor el que llega vida mía,
y me fundo, con él, entre las sábanas.
Desconozco si hueles a deseo,
y también a esa fruta tan ansiada,
sólo sé que tu olor aquí lo busco,
mientras baila la luna sobre el agua.
Rafael Sánchez Ortega ©
03/03/09

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