Pensé en callar, como hice siempre,
pero un fuego interior me lo impedía.
Pensé en dejar morir las olas lentamente
y que su resaca me trajera su agonía,
pensé, sin yo pensar, que estaba ciego,
en esta tierra pobre y fría,
en este cenagal de lodo y de pasiones,
en este infierno que vivo cada día.
Pero la voz y el grito de mi pecho,
el que ha apagado risas y alegrías,
el que ha sacado lágrimas traidoras,
el que dejó volar mi fantasía,
me dice que los saque y los proclame
que vuelen por el mar y por la ría
que marchen de mi lado presurosos
y lleven a tu lado esta elegía.
Ya sé que son palabras simplemente
que pugnan y que luchan con porfía,
que tratan de llevar a tus sentidos
el verde de ese campo y pradería,
el verde y el azul de la esperanza
que quiero yo ofrecerte en primacía,
sin manchas y sin dudas que lo empañen
queriendo que por siempre seas mía.
Pensé en callar pero no pude,
tu risa, tu cantar, tu romería,
llegaban a mi lado sin saberlo
dejaban un mensaje que tañía,
sonaban esas músicas de viento,
clamaban esos ríos la sequía,
pasabas a mi lado silenciosa
con garbo, con pasión, con armonía.
Pero me fui hasta ti con ese grito,
para buscar esa sutil algarabía,
para llenarme entero de tus ojos
para sentir amor, tu sinfonía.
Y recibí de ti el dulce eco,
el que volvía a mi con simpatía,
el que dejaba rosas de tu alma,
y recorría fiel mi anatomía.
Yo te grité con labios temblorosos,
yo supliqué perdón y pleitesía,
yo te mandé mis besos a los cielos,
yo regalé mi amor con anarquía...
Tú me miraste sólo con silencio,
me acarició tu voz y cercanía,
y me tomaste pronto entre tus brazos
para dormir allí mi niñería.
Rafael Sánchez Ortega ©
24/02/09
pero un fuego interior me lo impedía.
Pensé en dejar morir las olas lentamente
y que su resaca me trajera su agonía,
pensé, sin yo pensar, que estaba ciego,
en esta tierra pobre y fría,
en este cenagal de lodo y de pasiones,
en este infierno que vivo cada día.
Pero la voz y el grito de mi pecho,
el que ha apagado risas y alegrías,
el que ha sacado lágrimas traidoras,
el que dejó volar mi fantasía,
me dice que los saque y los proclame
que vuelen por el mar y por la ría
que marchen de mi lado presurosos
y lleven a tu lado esta elegía.
Ya sé que son palabras simplemente
que pugnan y que luchan con porfía,
que tratan de llevar a tus sentidos
el verde de ese campo y pradería,
el verde y el azul de la esperanza
que quiero yo ofrecerte en primacía,
sin manchas y sin dudas que lo empañen
queriendo que por siempre seas mía.
Pensé en callar pero no pude,
tu risa, tu cantar, tu romería,
llegaban a mi lado sin saberlo
dejaban un mensaje que tañía,
sonaban esas músicas de viento,
clamaban esos ríos la sequía,
pasabas a mi lado silenciosa
con garbo, con pasión, con armonía.
Pero me fui hasta ti con ese grito,
para buscar esa sutil algarabía,
para llenarme entero de tus ojos
para sentir amor, tu sinfonía.
Y recibí de ti el dulce eco,
el que volvía a mi con simpatía,
el que dejaba rosas de tu alma,
y recorría fiel mi anatomía.
Yo te grité con labios temblorosos,
yo supliqué perdón y pleitesía,
yo te mandé mis besos a los cielos,
yo regalé mi amor con anarquía...
Tú me miraste sólo con silencio,
me acarició tu voz y cercanía,
y me tomaste pronto entre tus brazos
para dormir allí mi niñería.
Rafael Sánchez Ortega ©
24/02/09

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